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Tu experiencia es tu mejor brújula

En el artículo Tu decisión de hoy decide tu vida de mañana, te propuse una pregunta para hacerte cada vez que tengas que elegir entre dos opciones:

¿En qué tipo de persona me convertiré y qué tipo de vida tendré si continúo eligiendo la opción A en lugar de la opción B?

Hoy quiero proponerte otra práctica que puede ayudarte a tomar decisiones.

Cuando tengas dos opciones, no te quedes solamente pensando cuál deberías elegir.

Observa cómo te sientes cuando eliges cada opción.

Esta mañana, por ejemplo, tenía que decidir entre quedarme en casa o salir a caminar.

Entre las ocho y las nueve, cuando mis hijos ya se han ido al colegio, suelo hacer mi caminata meditativa.

Pero a veces me quedo en casa terminando algunas cosas.

Y, en el peor de los casos, termino perdiendo el tiempo viendo vídeos en el teléfono.

Me he dado cuenta de que, además preguntarme en qué tipo de persona me convertiré con cada opción, hay algo que me ayuda mucho: recordar cómo me siento con cada una de ellas.

Si me quedo en casa y veo vídeos, en el mejor de los casos encuentro algo divertido que me hace reír. En el peor de los casos, no veo nada interesante y después me siento culpable por haber perdido mi tiempo.

En cambio, cuando salgo a caminar, en el mejor de los casos se me ocurren nuevas ideas, hago actividad física y estoy en contacto con la naturaleza.

¿Y en el peor de los casos?

No se me ocurre ninguna idea nueva. Pero igualmente he hecho actividad física y observo la naturaleza a mi alrededor.

Cuando comparo las dos opciones, me doy cuenta de algo:

lo peor que me puede pasar cuando salgo a caminar es mejor que lo peor que me puede pasar cuando me quedo en casa viendo vídeos.

Y lo mejor que me puede pasar caminando también es mucho mejor que lo mejor de la otra opción.

Por eso, mi sensación de bienestar asociada a esta opción es mucho mayor.

Y eso es algo que ahora intento recordar.

No necesito convencerme de salir a caminar.

Simplemente recuerdo cómo me siento cuando lo hago.

Y durante la caminata, en algún momento, me detengo unos segundos para ser consciente de ese bienestar.

De esta manera, voy asociando esa actividad con cómo me hace sentir.

La próxima vez que tengas que elegir entre dos opciones, no analices solamente qué opción es mejor. Observa cómo te sientes con cada una.

Porque a veces tu propia experiencia ya te está dando una respuesta.

No siempre necesitas saber de antemano qué decisión es la correcta. A veces puedes tomar una decisión, observar qué ocurre y utilizar esa información para la próxima vez.