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Si no te gusta lo que tienes, cámbialo

“Si no te gusta lo que quieres, cámbialo.”

Este artículo podría terminar aquí.

Porque en el fondo, el cambio no es el problema.

Cambiar no es lo difícil. Si hay una situación que no te gusta, un trabajo que ya no quieres, una relación que te hace daño, una amistad que te drena, una ciudad en la que no te sientes bien, la solución parece simple: cámbialo.

El verdadero problema no es el cambio.

El problema no es cambiar la situación.

El problema es todo lo que te dices sobre ese cambio.

Ahí es donde realmente te bloqueas.

Te dices cosas como: “esto es muy difícil”, “para otros será fácil, pero no para mí”, “no sé cómo hacerlo”, “¿y si sale mal?”, “ahora no es el momento”.

Y tu mente las cree.

Entonces deja de buscar soluciones… y empieza a buscar excusas.

Mantener una situación incómoda también es difícil: una relación que no te hace bien, un trabajo que no disfrutas, un día a día que te pesa. Eso también drena energía.

No es que no puedas cambiar tu vida. Es que te has convencido de que no puedes.

No es el cambio en sí lo que define tu acción.

Es la historia que te cuentas sobre el cambio.

Imagina una piedra en tu zapato durante una caminata de 10 km.

Puedes pensar: “no es tan grave”, “ya aguantaré”, “no quiero perder tiempo parándome”

Y sigues caminando con dolor.

O puedes hacer esto: Pararte. Quitarte el zapato. Eliminar la piedra.

Algo simple… se vuelve complicado solo por lo que te dices.

La misma lógica aplica a tu vida

Si te dices que cambiar es fácil y posible, incluso liberador, es más probable que lo hagas.

Ejercicio final

  1. Identifica una situación en tu vida que ya no quieres mantener.
  2. Ahora pregúntate: (1) ¿por qué sí es posible cambiarla? (2) ¿por qué podría ser más fácil de lo que pienso? y (3) ¿qué ganaría si lo hiciera?
  3. Visualiza tu vida después del cambio.
  4. Y da un pequeño paso hacia ello, hoy.