Terminaste tu jornada de trabajo.
Ya decidiste que no harás nada más.
Y justo en ese momento tienes una oportunidad para aprender algo de lo que te pasó durante las últimas 24 horas.
Pregúntate:
¿Qué le agradezco al día de hoy?
Y después:
Si tuviese una sola cosa que aprender de este día, ¿cuál sería?
O incluso:
Si la vida se estuviera esforzando por enseñarme una lección hoy, ¿cuál sería?
O, mejor aún:
¿Qué decido aprender de estas últimas 24 horas?
Porque quizás hoy ocurrió algo que te molestó.
Quizás cometiste un error.
Quizás tuviste una conversación difícil.
Quizás descubriste algo sobre ti misma.
Quizás simplemente ocurrió algo pequeño que, si te detienes a observarlo, tiene algo que enseñarte.
No necesitas sentarte media hora a escribir.
Puedes hacerte esta pregunta mientras vuelves a casa, caminando, en el autobús o en el metro.
Incluso mientras estás atrapada en un atasco.
O cuando ya estás acostada en la cama, a punto de dormirte.
Te propongo que conviertas esta pregunta en un pequeño ritual diario.
¿Qué decides aprender de hoy?
Esfuérzate por responderla, pero no te obligues a encontrar una gran lección todos los días.
A veces habrá una respuesta clara.
Y otras veces, no.
La intención es lo importante.
Porque buscar aprender algo cada día puede ayudarnos a evolucionar, a comprendernos mejor y a evitar repetir, una y otra vez, los mismos errores.
Así que antes de cerrar este día, pregúntate:
¿Qué vas a llevarte de hoy?