El problema: no logras lo que quieres
Carolina es una mujer muy dinámica. Tanto, que a veces es muy estresada.
Busca hacerlo de todo. Se involucra en muchos proyectos. Trabaja tanto como puede, haciendo todo lo que se le ocurre para lograr eso que quiere.
No es perfecta, pero sí perseverando.
Solo que, por más que lo intenta, no logra ese gran objetivo que quiere.
Carolina comienza a preguntarse por qué seguir intentándolo, qué le falta para lograrlo: qué nuevo proyecto, qué nueva habilidad, qué nueva actividad, qué hay malo en ella que no lo logra, pese a los esfuerzos.
La desmotivación gana terreno, poco a poco. De manera casi invisible. Primero es una pregunta, una duda, y luego eso se transforma en semanas y meses de cuestionamiento… hasta que deja de intentarlo.
No logra lo que quería y se conforma. Sobre todo, se siente mal con ella misma.
La causa: focalizarse en el qué
Ahora te voy a decir cuál es, según mi opinión, el problema de Carolina y todas las personas que actúan como ella. ¡Y cómo solucionarlo!
No fueron las actividades que realizó. No fue el proyecto qué aún no lograba, ni las habilidades, ni los hábitos que le faltaron desarrollar.
El problema de Carolina y de las personas que actúan como ella tienen es que se focalizan primero en el HACER.
“Qué debo hacer”. “Qué habilidad me falta aún por desarrollar”. “Qué técnica o metodología tengo que implementar”. “Qué debo aún aprender”.
La solución: focalizarte en tus propios pensamientos
Según mi opinión, el problema con Carolina -y con todas las personas que en algún momento caemos en ese círculo vicioso- es que nos focalizamos con el HACER, la actividad, y dejamos de focalizarnos en lo que hace que hagamos esa actividad.
Y es que todas nuestras acciones e inacciones se generan en nuestros pensamientos.
Por ello, en lugar de pensar que el problema está en lo que hacemos o dejamos de hacer, en lo que tenemos o nos falta por tener, si queremos cambiar cualquiera de nuestras acciones a largo plazo, es más eficaz prestar mayor atención a nuestros PENSAMIENTOS.
- ¿Qué pienso respecto a ese objetivo?
- ¿Qué pienso sobre mí y mi capacidad de poder lograrlo?
- ¿Por qué lo quiero lograr?
- ¿Cómo creo que me sentiré cuando lo logre?
- ¿Por qué este objetivo y no otro?
Cuando las respuestas a estas preguntas te hagan sentir:
Empoderada. Segura de ti. Generosa. O alguna emoción productiva.
Entonces vas por buen camino.
Si no estás logrando lo que quieres en la vida,
es porque tus pensamientos no apoyan estos resultados.
Alinea tus pensamientos hasta que te hagan sentir que sí lograrás lo que quieres.
Luego, actúa hasta lograrlo.