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No cambies tu identidad, cambia tus acciones

“No soy disciplinada.”

“Soy poco creativa.”

“Procrastino mucho.”

Estas solían ser tres de mis etiquetas preferidas.

Durante mucho tiempo pensé que me describían.

Hasta que empecé a darme cuenta de algo: al autodenominarme así, estaba reforzando la manera en que actuaba.

No era solamente que me llamaba poco disciplinada porque actuaba de esa manera.

En cierta medida, actuaba de esa manera porque me llamaba así.

Decidí intentar convertirme en una persona diferente.

Quería ser más disciplinada, más creativa y dejar de procrastinar.

Pensé que tenía que cambiar mis creencias y, con ellas, mi identidad.

Pero ahí apareció el problema.

Intentaba cambiarlo todo de golpe.

Comenzaba a ser extremadamente disciplinada… durante unos días.

Intentaba dejar de procrastinar y hacía verdaderos maratones de productividad durante uno o dos días.

Entonces decidí probar algo diferente.

En lugar de cambiar mi identidad, decidí cambiar una acción.

Con la disciplina, elegí un solo momento del día en el que quería comportarme de manera diferente.

Cada mañana, al comenzar a trabajar, dedicaba 15 minutos a la tarea más fastidiosa del día.

Y solamente después podía revisar mis correos, responder mensajes, hacer otra actividad o ir a tomar un café con mis colegas.

Solo 15 minutos.

Ese pequeño cambio tuvo un impacto mucho mayor del que esperaba.

Y poco a poco empecé a ser más disciplinada también en otras áreas.

Con la creatividad hice algo parecido.

En lugar de decirme “tengo que ser más creativa”, cada vez que aparecía un problema me hacía una pregunta: ¿Cuáles son otras tres maneras de resolverlo?

No necesitaba tener una personalidad creativa. Solo necesitaba buscar tres alternativas.

Y con la procrastinación, elegí una actividad al día que estaba posponiendo y decidí hacerla ese mismo día.

Una. No todas.

La identidad es un concepto enorme y abstracto

“Quiero ser disciplinada” puede significar cientos de comportamientos diferentes.

Pero una acción es concreta.

Puedes verla. Puedes hacerla. Puedes repetirla.

Así que, en lugar de preguntarte:

“¿Cómo puedo convertirme en una persona diferente?”

prueba con estas preguntas:

  • ¿Qué haría hoy una persona que ya tuviera esa identidad?
  • ¿Y cuál es la versión más pequeña de esa acción que puedo hacer hoy?

Tu ejercicio

1/ Haz una lista de las etiquetas que utilizas actualmente para describirte.

Soy desorganizada. No soy constante. Procrastino. No soy creativa. No sé poner límites.

Las que sean.

2/ Después pregúntate:

¿Cómo se manifiesta concretamente cada una de esas etiquetas en mi vida?

3/ Y finalmente, escoge solo una.

Identifica una acción pequeña, concreta y diaria que harías de manera diferente si ya tuvieras la identidad que quieres desarrollar.

No intentes cambiar quién eres.

Empieza por actuar, una vez al día, como la persona en la que quieres convertirte.