Dos personas empiezan a correr.
Una piensa: “Nunca he sido deportista.”
La otra piensa: “Todavía estoy aprendiendo a ser constante.”
Hacen exactamente el mismo entrenamiento, pero una abandona mucho antes que la otra.
¿Por qué dos personas aplican exactamente el mismo sistema y obtienen resultados completamente distintos?
La diferencia rara vez está en el sistema. La diferencia suele reposar en la mentalidad.
La mentalidad es la base de cualquier sistema.
Lo repito: de cualquier sistema.
Todo sistema fracasa cuando la mentalidad no lo sostiene
La mentalidad es el conjunto de creencias que tienes respecto a algo.
Si crees que algo es bueno para ti, si tienes pensamientos y creencias positivas respecto a ese tema, harás todo lo necesario para poner ese sistema en práctica y mantenerlo en el tiempo.
En cambio, si tus pensamientos son negativos o contradictorios, el sistema tendrá muchas menos probabilidades de funcionar.
En otras palabras, el nivel de tus creencias determinará, en gran medida, el nivel de éxito o de fracaso que obtendrás.
Si crees que aprender a gestionar tu tiempo no sirve para nada, nunca harás un esfuerzo real por mejorar en ese aspecto.
Si piensas que el coaching es una estafa, probablemente jamás te plantees trabajar con una coach.
Y si crees que aprender a gestionar tu mente, tus pensamientos y tus creencias es el elemento más importante de cualquier proceso de cambio, entonces comenzarás a prestar mucha más atención a tu diálogo interno.
Eso es precisamente lo que te propongo.
El error más común
El error más común es subestimar la importancia de la mentalidad.
Muchas personas intentan cambiar sus resultados cambiando únicamente sus acciones. Compran una agenda nueva, descargan una aplicación, leen un libro sobre productividad o comienzan una rutina diferente.
Pero pocas se detienen a observar los pensamientos que sostienen esas acciones.
Y ahí está el verdadero problema.
A veces estamos tan acostumbradas a ciertos pensamientos que dejamos de verlos como pensamientos y comenzamos a vivirlos como si fueran verdades absolutas.
“No soy disciplinada.”
“Nunca logro terminar lo que empiezo.”
“Yo soy así.”
“Administrar el tiempo no sirve para nada.”
Sin darte cuenta, esos pensamientos terminan convirtiéndose en el soporte de tu comportamiento.
El mayor error no es tener pensamientos limitantes. Es dejar de verlos como pensamientos y empezar a creer que son verdades.
Aplicación práctica
En el Método VIDAS, la mentalidad consiste en identificar las creencias que tienes respecto al aspecto que deseas desarrollar. Puede ser la productividad, la gestión del tiempo, el liderazgo, la salud o cualquier otro objetivo importante para ti.
Una forma muy sencilla de hacerlo es la siguiente.
Toma una hoja de papel y escribe, como título, el objetivo o el sistema que deseas desarrollar.
Por ejemplo: “Productividad” o “Gestión del tiempo”.
Durante diez minutos, escribe absolutamente todos los pensamientos que te vengan a la mente relacionados con ese tema.
No los juzgues. No los filtres. Simplemente escríbelos.
Cuando termines, deja descansar la hoja unos minutos o un día entero y vuelve a leerla con calma.
Ahora toma dos resaltadores distintos.
Con uno, resalta todos los pensamientos que apoyan ese objetivo, los que te acercan a él y alimentan tu crecimiento.
Con el otro color, marca aquellos pensamientos que actúan como un obstáculo, los que generan miedo, dudas o resistencia.
Después, observa el resultado.
¿Cuál es el color predominante?
Esa respuesta te mostrará, visualmente, cuál es tu mentalidad actual respecto a ese objetivo.
El siguiente paso consiste en reforzar conscientemente los pensamientos que te ayudan y comenzar, poco a poco, a reemplazar los pensamientos limitantes por otros más constructivos.
Puede parecer un ejercicio muy simple.
Pero cuando tu mentalidad deja de ser un obstáculo y comienza a convertirse en un apoyo, todo el sistema funciona con mucha más facilidad.
¿Cuánto tiempo dedicarle?
Aunque tus pensamientos te acompañan todo el día, no necesitas pasar todo el día analizándolos.
De hecho, sería imposible y agotador.
Mi recomendación es dedicarles unos diez minutos diarios, idealmente por la mañana.
Utiliza ese momento para observar qué pensamientos predominan en tu mente y, poco a poco, reemplazar aquellos que te limitan por otros que te acerquen a la persona que quieres ser.
No es un trabajo que termine nunca.
A medida que avances en tu vida aparecerán nuevos desafíos y descubrirás creencias que ni siquiera sabías que tenías.
Por eso, más que un ejercicio puntual, se trata de un hábito.
Un hábito que, probablemente, tendrá un impacto mucho mayor que cualquier técnica de productividad que aprendas.
Y recuerda:
Ningún sistema puede ser más fuerte que la mentalidad que lo sostiene.