A mí me gusta tomar medidas extremas para obtener cambios radicales. Especialmente cuando las otras medidas no funcionan tanto como a mí me gusta, prefiero irme a los extremos.
Por ejemplo, cuando comencé a analizar en qué aspectos mis decisiones alimenticias no estaban alineadas con mi amor por los animales, decidí ser vegetariana. De un día para otro dejé de comer carnes. Recuerdo mi última comida como omnívora. Estaba en Argentina. Me habían servido un entrecot y me decía a mí misma “saboréalo bien, porque está muy rico y será el último que comas en tu vida”. 11 años después, así ha sido.
Cuando comencé a leer sobre los peligros del azúcar refinado, también tomé una decisión igual de radical: dejar todo azúcar refinado. Esta decisión ha sido mucho más difícil de lo que pensaba, y aunque como muchos más postres de lo que me gustaría, la decisión sigue intacta: no deseo comer más dulce en mi vida.
De la misma manera, como leerás en los próximos artículos, recientemente decidí no consumir más aplicaciones adictivas. Borré Instagram, Pinterest y WhatsApp de mi celular, que son las aplicaciones que más uso y que me hacen perder un tiempo increíble cada día. También borré de mi celular los navegadores de Internet.
Aunque espero conseguir un sustituyo de WhatsApp para comunicarme con mi familia y amigos más cercanos, tomar decisiones radicales suele ser una buena opción para mí.
Y aunque sé que para muchos estos cambios totales pueden parecer muy radicales, quizás sea una buena opción que tú quieras intentar.
Piénsalo. ¿En qué aspectos de tu vida ganarías mucho tiempo y liberarías mucha energía con alguna decisión radical?