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Limpia tu agenda como limpias tu armario

Este fin de semana decidí limpiar mi armario.

Tomé esta decisión porque últimamente me daba cuenta de que usaba casi siempre la misma ropa. Veía el espacio completamente lleno, las prendas apretadas unas contra otras, y aun así sentía que no tenía ganas de explorar nuevas combinaciones o buscar algo distinto para ponerme.

Había demasiadas cosas… y al mismo tiempo sentía que no veía nada.

Entonces decidí aplicar algo que aprendí de Marie Kondo.

Saqué todas las prendas del clóset, los puse sobre el sofá y comencé a revisarlas una por una. La pregunta no era si todavía servían o si estaban en buen estado. La verdadera pregunta era otra: ¿esta pieza todavía me hace vibrar?

Quería observar cómo me sentía al imaginarme usando esa ropa.

Sorprendentemente, el ejercicio fue mucho más fácil de lo que imaginaba. Pensé que tomar tantas decisiones me agotaría mentalmente, pero ocurrió exactamente lo contrario. Sentí más energía al terminar que al comenzar.

Y cuando volví a mirar mi clóset después de organizarlo, algo había cambiado.

El armario era el mismo. Las prendas eran prácticamente las mismas. Pero el espacio se sentía más ligero, más despejado, más alegre.

Además, redescubrí ropa que había olvidado completamente porque estaba escondida entre tantas otras cosas. Durante los días siguientes comencé a usar vestidos, pantalones y faldas que tenía meses sin ponerme.

Ahora, cada vez que entro a mi clóset, siento una pequeña sensación de alegría.

Quizás te preguntes: ¿qué tiene que ver esto con tu agenda?

Muchísimo.

Porque puedes hacer exactamente el mismo ejercicio con tu tiempo.

Puedes escoger un día para vaciar completamente tu agenda. Un día sin reuniones, sin obligaciones, sin tareas pendientes. Incluso puedes darte permiso de no hacer aquellas rutinas que normalmente haces automáticamente: ir al gimnasio, responder ciertos mensajes, llamar a determinadas personas o avanzar en proyectos específicos.

Por un momento, limpia todo tu planning.

Y luego comienza a agregar nuevamente solo aquello que realmente te da energía, alegría o sentido.

Verás algo muy interesante.

Habrá actividades que naturalmente querrás volver a colocar porque forman parte genuina de quién eres y de cómo quieres vivir. Pero también habrá otras que simplemente no te provocará volver a incluir.

Tal vez descubras que ciertos proyectos ya no te entusiasman. O que algunas reuniones te drenan más de lo que aportan. O quizás te des cuenta de que estás intentando hacer demasiadas cosas al mismo tiempo y que, sencillamente, no caben todas en una vida tranquila y feliz.

Cualquier descubrimiento que aparezca durante este ejercicio es valioso.

Porque muchas veces acumulamos actividades igual que acumulamos objetos: por costumbre, por culpa o simplemente porque nunca nos detuvimos a preguntarnos si todavía queremos conservarlas.

No conviertas este ejercicio en “otra información interesante” que guardas para más adelante.

Hazlo.

Decide hoy mismo qué día vas a vaciar tu agenda y darte el permiso de reconstruirla con más consciencia, más claridad y más alegría.

Muchas agendas no están llenas de prioridades. Están llenas de costumbres.