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Las puertas automáticas

Esta mañana, como todas las mañanas, tomé el metro para dirigirme al trabajo. En la salida había tres torniquetes con puertas automáticas. La mujer que iba a mi lado vaciló antes de salir. Yo, que estoy acostumbrada a tomar la misma salida, al verla vacilar, también dudé un segundo, pero no había ningún tipo de problemas, ni para ella, ni para mí. La puerta se abrió, como siempre, ante nuestro paso decidido.

Esta situación me puso a pensar en el hecho de que la puerta del torniquete solo se abriría si yo avanzaba ante él.

La escena me pareció una bella metáfora de la vida: a veces solemos esperar que las puertas (las oportunidades) se abran ante nosotras para avanzar, como si ése fuese el único orden posible, cuando la realidad es que las puertas se abren porque avanzamos con seguridad, con decisión, con determinación de avanzar.

¿Qué oportunidad quisieras que te ofrezcan en la vida en estos momentos? ¿Un nuevo trabajo? ¿Una nueva relación? ¿Una nueva fuente de empleo?

¿Y si, en lugar de perder el tiempo, esperando pasivamente, comenzaras a avanzar con la convicción de que mientras más avanzas, más rápidamente se abrirá esa “puerta”?