Permíteme hacerte varias preguntas:
¿Cómo distribuyes tu tiempo?
¿Qué porcentaje de tu día o de tu semana le dedicas a las personas que son más valiosas para ti y a tus proyectos más importantes?
Cuando estás con tu familia, ¿estás pensando en tu familia o tienes la cabeza en otra parte? De la misma manera, cuando estás en el trabajo, ¿piensas en tu trabajo o en todas las otras cosas que debes hacer más allá del trabajo?
¿Planificas tu semana conscientemente, de manera de otorgar suficiente tiempo, energía y atención a lo que tiene mayor valor para ti?
Si eres como la mayoría de las personas, probablemente trabajes durante la mayor parte de tu tiempo activo, durante el tiempo que estás alerta. Luego, llegas cansada a tu casa, queriendo “desconectar” de las obligaciones y estrés de la jornada. Finalmente, dejas las migajas de tu tiempo y tu atención a las personas que son más importantes para ti, tu familia, o a algún proyecto personal que quieras desarrollar.
Quizás te pase algo similar en el trabajo: dejas tus proyectos más importantes, los que más te apasionan, para más tarde, aceptando -sin pensar- reuniones y tareas sin mayor valor. De esta manera, le das las migajas de tu tiempo a los mejores proyectos.
¿Y si comienzas a cambiar la situación?
No te pido que renuncies a tu trabajo para dedicarle todo el día a tu familia (quienes, seguramente, ocupan la mayor parte de su día en otras actividades), ni que anules todas las reuniones a las que te invita tu jefe.
Lo que te pido es que comiences a pensar en qué tanto tiempo, energía y atención dedicas a lo que te es precioso y cuánto más quisieras dedicarle.
Te pido que organices y planifiques tu tiempo, poniendo como prioridad lo que es -valga la redundancia- prioritario para ti, y comenzarlo a hacer de manera más consciente.