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Las falsas creencias de la planificación

Un café sorprendente

La semana pasada estaba tomando un café con una amiga, Julia, cuando la conversación derivó hacia la gestión del tiempo.

Se quedó completamente sorprendida cuando supo que yo planifico cada uno de mis días.

Pero su asombro fue todavía mayor cuando le conté que también planifico mis semanas, mis meses e incluso mis años.

De la sorpresa a la curiosidad

El tema le sorprendió tanto que comenzó a despertar su curiosidad.

Así, entre sorpresas, preguntas y descubrimientos, pasamos más de una hora hablando sobre planificación. O, mejor dicho, sobre nuestras creencias acerca de la planificación.

Porque muchas veces no planificamos no por falta de tiempo ni de herramientas, sino por las ideas que tenemos sobre lo que significa planificar.

Las falsas creencias

Quizás creemos que planificar es aburrido.

Que nos quita espontaneidad.

Que es algo rígido.

Que si no cumplimos el plan al pie de la letra hemos fracasado.

O incluso que planificar es innecesario porque “ya veremos sobre la marcha”.

En los próximos artículos te hablaré con más detalle sobre algunas de estas creencias, y otras más: cuánto hay de verdad en ellas, cómo pueden limitarte y qué alternativas existen para relacionarte de una manera más amable y útil con la planificación.

Para reflexionar

Pero, antes de eso, quiero dejarte una pregunta.

¿Cuáles son tus creencias profundas sobre la planificación?

Escribe todo lo que piensas al respecto. Desde ideas generales, como si crees que planificar es bueno o malo, hasta pensamientos más específicos.

¿Planificas tu día a día?

Si no lo haces, ¿por qué no lo haces?

A veces, cuestionar nuestras creencias es el primer paso para cambiar nuestra manera de vivir el tiempo.

Porque muchas veces no es la falta de tiempo la que dirige nuestra vida, sino las historias que nos contamos sobre cómo debemos usarlo.

Continúa leyendo: ¿Planificar es perder el tiempo?