La preocupación de Julia
Mi amiga Julia y yo estábamos tomándonos un café. Lo que prometía ser una tarde agradable para contarnos banalidades terminó convirtiéndose, para sorpresa de ambas, en una interesante conversación sobre gestión del tiempo y productividad.
Después de comentarle, de manera completamente natural, que yo planificaba todos mis días, comenzó a hacerme preguntas.
Poco a poco, fue compartiendo conmigo algunas de sus creencias más profundas sobre este tema. Creencias que, quizás como a ti, la alejaban incluso de intentar planificar su tiempo.
Después de que le explicara por qué, para mí, planificar no es perder tiempo sino invertirlo, Julia reconoció que entendía mis argumentos. Sin embargo, añadió otra objeción:
—Es que planificar me parece algo propio de personas rígidas. Siento que mata la espontaneidad, la creatividad y, al final, la diversión.
Entendí perfectamente su inquietud.
Julia es una de esas personas alegres y ligeras. Siempre tiene historias divertidas que contar y una capacidad admirable para disfrutar del momento presente.
Precisamente por eso, me pareció importante explicarle que, cuando se hace bien, la planificación no elimina la espontaneidad. De hecho, puede aumentarla.
No planifiques solo tus obligaciones
Aquí está el detalle: planificar no significa llenar tu agenda de obligaciones.
No significa trabajar más ni convertir tu vida en una sucesión interminable de tareas aburridas.
Planificar consiste en decidir qué quieres hacer y cuándo es el mejor momento para hacerlo. Significa identificar qué es prioritario en determinados momentos y qué puede esperar. Es una herramienta para vivir con más intención y más conciencia.
Y justamente por eso, también implica planificar la diversión.
No solo es posible reservar espacio para la espontaneidad, el entretenimiento y el descanso. Es necesario hacerlo.
Una vida sin un poco de locura termina siendo una vida demasiado aburrida.
Una agenda que solo contiene obligaciones es una agenda destinada al abandono. Nadie quiere vivir así durante mucho tiempo.
Todos necesitamos equilibrio entre responsabilidad y placer.
Comienza por ti…
Por eso, uno de mis consejos favoritos sobre planificación es este: el primer bloque que reserves en tu agenda debería ser tiempo para ti.
Tiempo para caminar por el parque, leer una novela, bailar, llamar a una amiga, tomar un café sin prisas o hacer cualquier actividad que te haga sentir viva.
El cómo y el cuándo dependen únicamente de ti.
Lo importante es que empieces a planificar incluyendo aquello que nutre tu alegría y tu bienestar.
…porque eso lo cambia todo
Y ahora quiero hacerte una pregunta.
¿Qué piensas de la planificación si lo primero que te pido que agendes no es una obligación, sino un momento de diversión?
Te propongo un pequeño ejercicio.
Abre tu agenda y mira tu próxima semana. Identifica una actividad que llevas mucho tiempo queriendo hacer y que has ido postergando.
Ahora mismo, decide exactamente cuándo la vas a realizar.
Ponle fecha y hora.
Después, observa cómo te sientes.
Con esa sensación de ilusión, ligereza o entusiasmo es la energía, continúa planificando el resto de tu semana.
Eso lo cambiará todo.