Skip to content

La disciplina necesita esto

¿Qué tienen en común Serena Williams, Jane Goodall, Angela Merkel y Marie Curie?

Además de haber sido mujeres extremadamente exitosas y reconocidas en sus respectivos campos, todas demostraron una característica fundamental: disciplina.

La disciplina consiste en hacer lo que dijiste que harías, tengas ganas o no.

Es hacer lo correcto independientemente de tu estado de ánimo.

Es mantener tus compromisos contigo misma incluso cuando aparecen el cansancio, la duda o las dificultades.

Cuando pensamos en disciplina, muchas veces imaginamos que necesitamos desarrollar una enorme fuerza de voluntad.

Y aunque la fuerza de voluntad es una herramienta muy valiosa, depender constantemente de ella tiene un problema: consume mucha energía.

Tomar decisiones continuamente, resistir tentaciones y obligarte a hacer aquello que sabes que debes hacer requiere un esfuerzo mental importante.

Sin embargo, el ser humano no está diseñado para utilizar constantemente su energía en tomar decisiones. Nuestro cerebro está diseñado para economizar energía siempre que sea posible y automatizar aquello que hacemos repetidamente.

Por eso, intentar ser disciplinada únicamente utilizando más fuerza de voluntad no es la estrategia que más recomiendo.

La estrategia más efectiva consiste en algo diferente: convertir las decisiones importantes en hábitos.

La disciplina necesita hábitos

Un hábito es una acción que realizas de manera automática cuando aparece un determinado desencadenante.

No necesitas negociar contigo misma cada vez.

No necesitas preguntarte si lo harás o no.

Simplemente ocurre.

Por ejemplo, imagina que quieres trabajar en tu proyecto más importante cada mañana.

Una estrategia basada únicamente en fuerza de voluntad sería despertarte cada día y preguntarte: “¿Tengo ganas hoy de trabajar en mi proyecto?”

Algunos días lo harás. Otros días encontrarás una excusa.

Pero una estrategia basada en hábitos funciona de otra manera.

Diseñas una rutina donde, cuando aparece un desencadenante determinado —por ejemplo, una alarma, sentarte en tu escritorio o terminar tu desayuno— la acción que sigue automáticamente es comenzar a trabajar en ese proyecto.

Ya no dependes tanto de cómo te sientes en ese momento.

Dependes del sistema que has creado.

Crear estos hábitos al principio sí requiere esfuerzo.

Necesitas intención, planificación y cierta fuerza de voluntad inicial.

Pero, sobre todo, necesitas una buena estrategia.

Necesitas entender cómo funcionan los hábitos y cómo puedes diseñarlos para que trabajen a tu favor.

La disciplina necesita una razón

El segundo elemento fundamental para desarrollar disciplina es entender tu razón.

Porque la disciplina no consiste solamente en obligarte a hacer algo.

También consiste en recordar por qué decidiste hacerlo.

Cuando tienes claridad sobre la importancia de aquello que quieres conseguir, es mucho más fácil mantener el compromiso.

La combinación es poderosa:

Primero, decides qué es importante

Después automatizas las decisiones cuotidianas importantes.

Mientras más decisiones conviertas en hábitos, menos energía necesitarás para mantener tu disciplina.

Y mientras más disciplina desarrolles, mayores serán tus probabilidades de alcanzar aquello que realmente quieres conseguir.