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Hazte cargo de lo pendiente

En el artículo anterior te hablé de la procrastinación invisible.

De todas esas cosas que sabemos que tenemos que hacer, que recordamos constantemente, pero para las que nunca encontramos el momento para realizar.

Después de darme cuenta de cuántas actividades estaba posponiendo sin siquiera ser consciente de ello, decidí hacer dos pequeños cambios.

#1 – Escríbelo antes de que se vaya

El primero fue encontrar un lugar único donde pudiera anotar todas esas cosas.

A veces una idea aparece cuando estoy caminando, trabajando o haciendo cualquier otra cosa, y necesito simplemente sacarla de mi cabeza.

Así que instalé una aplicación en mi teléfono.

Si de repente recuerdo que tengo que pedir una cita médica, pero no puedo hacerlo en ese momento, simplemente lo escribo.

«Pedir cita médica».

Nada más.

De esta manera, no tengo que seguir recordándomelo.

La tarea ya está en algún lugar.

Puede esperar allí hasta que llegue el momento de ocuparme de ella.

#2 – Planifica un momento al día para hacerlo

El segundo cambio fue todavía más importante.

Decidí planificar cada día un pequeño bloque de tiempo para hacerme cargo de estas tareas administrativas.

Durante las próximas semanas, reservé media hora al día.

No para terminar una lista interminable.

Simplemente para avanzar.

Y este pequeño cambio me hizo descubrir varias cosas.

Lo que descubrí

La primera es que tenía muchas más cosas pendientes de las que imaginaba.

La segunda es que las pequeñas tareas no siempre son tan pequeñas como parecen.

Comprar algo no consiste simplemente en pagarlo.

Primero tienes que decidir si realmente lo necesitas. Luego buscar las opciones, escoger el modelo que quieres y finalmente realizar la compra.

Pedir una cita médica tampoco es simplemente hacer una llamada.

A veces tienes que buscar al profesional adecuado, escogerlo, llamar, descubrir que no tiene disponibilidad y comenzar nuevamente la búsqueda.

Muchas de esas pequeñas tareas son, en realidad, pequeños proyectos.

Y quizás por eso las subestimamos tanto.

Pero descubrí algo aún más importante: a medida que me iba ocupando de esas cosas, poco a poco, mi mente se sentía más tranquila.

Había menos cosas dando vueltas en mi cabeza. Menos recordatorios internos. Menos estrés.

No tenía que resolverlo todo de una vez. Solo tenía que saber que existía un lugar donde esas tareas estaban anotadas y un momento en el que podía ocuparme de ellas.

Si todo esto de lo que te he hablado resuena contigo, no pierdas más tiempo. No sigas procrastinando. Haz algo ahora mismo.

Agarra tu teléfono y descarga una aplicación (o lleva siempre una hoja y un bolígrafo) para anotar, a partir de hoy, todas esas tareas que aparecen constantemente en tu mente.

Y luego busca en tu agenda aunque sea quince minutos para comenzar a hacerte cargo de ellas.

No tienes que resolver toda tu vida hoy.
Solo tienes que empezar a liberar, poco a poco, todo aquello que lleva demasiado tiempo ocupando espacio en tu mente.