Probablemente has oído hablar de la técnica de Pomodoro: cada 25 minutos, haz una pausa de 5 minutos, y luego sigue trabajando.
Que utilices esta técnica al pie de la letra, o si utilizas alguna otra frecuencia para hacer pausas, el mensaje es el mismo: el ser humano no puede -en condiciones naturales- concentrarse en una misma tarea, de manera indefinida.
Todos necesitamos una pausa.
Personalmente no utilizo la técnica Pomodoro, pero sí hago pausas regulares.
Las pausas, aunque toman tiempo, aumentan nuestro rendimiento, nuestra creatividad y mantiene la concentración.
El tiempo en el que eres capaz de concentrarte varía de un período a otro de tu vida, de un día a otro y, por supuesto, también fluctúa a lo largo del día. En mi caso, suelo tomar pausas cada 45 minutos, pero el verdadero indicador para saber si es momento de hacer una pausa, son tus ganas de distraerte.
Si, de repente, quieres mirar tu celular, hablar con la persona que tienes al lado, abrir una página de tu navegador para hacer cualquier otra cosa que concentrarte, lo más probable es que necesites una pausa. Si no lo haces, entonces terminarás tomándote una, pero de menor calidad. Terminarás mirando tu teléfono o hablando con tu compañera de al lado o abriendo una página de internet. Habrás hecho la pausa, pero no habrás descansado tanto.
Entonces, mejor date cuenta de cuándo quieres distraerte y aprovecha esa señal para tomar una pausa de mejor calidad.