¿Conoces los ladrones del tiempo?
Probablemente los asocies con las distracciones, la impuntualidad o la procrastinación.
Y aunque ellos sean enemigos de la productividad, no explican al 100% los problemas de improductividad.
¿Por qué, por más que intentas concentrarte, terminas distrayéndote? ¿Por qué, aunque quieras llegar a la hora, vuelves a salir tarde? ¿Por qué decides una y otra vez dejar las cosas para después, incluso sabiendo que eso te perjudica?
Porque esos “ladrones del tiempo” no son la causa real del problema. Son solamente una consecuencia.
El verdadero ladrón del tiempo
El verdadero ladrón del tiempo son tus pensamientos.
La distracción no aparece de la nada.
Generalmente nace de pensamientos como: “Me fastidia hacer esto”, “Quisiera estar haciendo otra cosa”.
La impuntualidad puede venir de pensamientos como: “Sí me da tiempo de hacer algo más antes de salir”.
Y la procrastinación suele comenzar con frases mentales como: “Lo hago más tarde”, “Ahora no me provoca”, “Empiezo mañana”.
Todo comienza mucho antes de la acción. Todo comienza en tu mente.
Por eso luchar únicamente contra la procrastinación o las distracciones suele ser tan agotador. Intentas cambiar el comportamiento sin cuestionar el pensamiento que lo creó. Y mientras ese pensamiento siga intacto, el resultado también seguirá apareciendo.
En mi caso, me di cuenta de que estaba procrastinando muchísimo con mi actividad de coaching.
No era flojera. No era falta de disciplina. Lo que ocurría era que me repetía constantemente pensamientos como: “Nunca lo voy a lograr”, “Es demasiado difícil salir adelante como coach”, “Yo no sé vender”, “Ya perdí la fe”.
Repetí tanto esos pensamientos que dejaron de parecer pensamientos y comenzaron a sentirse como verdades absolutas. Y, naturalmente, mis acciones comenzaron a alinearse con esas creencias.
Porque una vez que crees que algo es imposible, tu cerebro deja de buscar maneras de lograrlo.
Piensa lo contrario
Ahora imagina el efecto contrario.
¿Qué habría pasado si en lugar de alimentar esos pensamientos hubiese comenzado a repetirme otros distintos?
Pensamientos como: “Puedo aprender a vender”, “La venta es una habilidad”, “Hay otros coaches que lo han logrado y yo también puedo”, “Esto es un proceso”.
Probablemente hoy habría actuado mucho más. Habría dejado de procrastinar tantas decisiones importantes y habría avanzado más rápido.
El problema es que los pensamientos negativos se instalan silenciosamente. Se vuelven familiares. Y lo familiar comienza a sentirse verdadero, incluso cuando no lo es.
En el próximo artículo descubrirás tres maneras de comenzar a identificar y transformar esos pensamientos que hoy están robándote tiempo, energía y resultados.
De aquí a allá, responde a esta pregunta:
¿Cuál es tu principal ladrón de tiempo y qué pensamiento crees que lo está generando?