Un mismo evento, emociones distintas
Estás comenzando a salir con el amor de tu vida.
Cada vez que lo ves, cada cita que tienes con él, sientes mariposas en el estómago. Estás fascinada, encantada, enamorada. Simplemente no ves pasar el tiempo. Quisieras que cada encuentro fuera interminable y se transformara en horas, días y años enteros juntos.
Ahora imagina lo contrario.
Una cita desastrosa. Sus comentarios te irritan, su aliento te espanta, sus maneras inexistentes. Deseas que la velada termine cuanto antes. Cada minuto parece una eternidad. Miras el reloj una y otra vez y el tiempo parece haberse detenido.
El evento es prácticamente el mismo: dos personas compartiendo un momento.
Lo que cambia es la emoción que sientes.
Y cuando cambia la emoción, cambia por completo la manera en que percibes el tiempo.
Aunque estos ejemplos parezcan extremos, en realidad vivimos algo parecido todos los días.
Cada actividad que realizas pasa por un filtro interno.
La experimentas con tus sentidos, la interpretas a través de tus pensamientos y la conviertes en una emoción.
Según estudios científicos, esas emociones modifican tu experiencia del evento y cómo crees que transcurre el tiempo.
Hay tareas que te llenan de entusiasmo y hacen que las horas pasen volando.
Otras te aburren, te frustran o te agotan, y hacen que unos pocos minutos parezcan interminables.
Por eso, dos personas con las mismas capacidades y conocimientos en una tarea determinada pueden pasar exactamente el mismo tiempo realizándola, pero -dependiendo de su percepción de la misma y de sus emociones- lograr resultados muy diferentes.
Es por ello que la gestión del tiempo no consiste únicamente en organizar actividades o llenar una agenda. También consiste en gestionar la energía emocional con la que vives cada momento.
Si quieres manejar mejor tu tiempo,
debes aprender a manejar mejor tus emociones.
Acoge todas tus emociones
Todas las emociones son necesarias.
El aburrimiento puede ayudarte a reflexionar.
La rabia puede impulsarte a actuar.
La tristeza puede enseñarte qué es importante para ti.
El problema no es sentir emociones negativas.
El problema es vivir permanentemente atrapada en ellas.
Si pasas la mayor parte de tu día aburrida, frustrada o preguntándote por qué haces lo que haces, no solo tu productividad se verá afectada.
También lo hará la calidad de tu vida.
Identifica tus emociones
Te propongo un ejercicio sencillo.
Durante las próximas 24 horas, lleva un pequeño registro.
Anota:
- La actividad que estás realizando.
- La hora de inicio y de fin.
- La emoción predominante que te genera.
- Cómo percibes el paso del tiempo durante esa actividad.
Al final del día, observa los patrones.
¿Qué actividades te llenan de energía?
¿Cuáles parecen drenar tu vitalidad?
¿Cuáles hacen que el tiempo vuele?
¿Cuáles hacen que se detenga?
Comienza a identificar patrones en función del tipo de actividad, del momento del día… y de tus emociones.
En lugar de preguntarte cómo gestionas tu tiempo, comienza a preguntarte cómo gestionas tu energía.
No basta con organizar tus horas. Aprende también a cuidar la energía con la que las vives. Porque una vida bien gestionada no es la que logra más, sino la que vive mejor.