¿Tratas de ser más productiva para, en el fondo, sentirte más valiosa?
Ese es precisamente el error que cometemos muchas personas sin darnos cuenta.
El error más común
Uno de los errores más comunes entre las personas que desean mejorar su productividad y aprender a gestionar mejor su tiempo es creer que se sentirán mejor consigo mismas y serán más valoradas por los demás, en función de la cantidad de cosas que hagan y de los resultados que obtengan.
Desde esa creencia, buscan aplicar técnicas, herramientas y sistemas para hacer cada vez más cosas dentro del número limitado de horas que tiene un día.
El problema es que cuando la autoestima depende de la cantidad de tareas realizadas, siempre necesitaremos hacer más… Y nunca será suficiente.
La verdadera autoestima y el verdadero amor propio nunca se consiguen mediante resultados externos.
Cuando nuestra autoestima depende de nuestros resultados, cada error deja de ser un error para convertirse en una amenaza contra nuestra identidad y nuestro valor propio.
Actuamos en función de esta secuencia: hago → logro → valgo.
Sin embargo, el orden más productivo es éste: me amo → me cuido → trabajo mejor → logro mejores resultados.
¿Qué es el amor propio?
El amor propio es la capacidad de quererte, respetarte y aceptarte independientemente de lo que hagas o de los resultados que obtengas.
El amor propio es incondicional, porque no depende de cuánto produzcas, de cuántos objetivos cumplas, del reconocimiento de otras personas.
El amor propio no tiene un límite. No existe una cantidad máxima de amor propio que debas alcanzar.
Y, sobre todo, el amor propio es independiente. No depende de factores externos; depende únicamente de la decisión diaria de tratarte con amor.
¿Por qué es importante?
Entre otros beneficios, el amor propio fortalece enormemente la productividad.
Cuando te amas de verdad, te resulta mucho más fácil poner límites, aceptar oportunidades que te hacen crecer, rechazar aquello que no está alineado contigo, descansar cuando lo necesitas y dejar de buscar constantemente la aprobación externa.
Aplicación práctica
Los dos primeros ejercicios provienen del libro Usted puede sanar su vida, de Louise Hay.
Ejercicio 1
Repite entre 200 y 300 veces al día la siguiente frase: “Me acepto y me aprecio.”
Sí. Has leído bien. Entre 200 y 300 veces diarias.
Hazlo especialmente cuando descubras que te estás criticando o hablándote con dureza.
Pero no repitas las palabras de manera automática. Procura sentirlas. Permite que poco a poco comiencen a formar parte de tu diálogo interior.
Ejercicio 2
Ponte frente a un espejo, mírate directamente a los ojos y di lentamente: “Te amo tal como eres.”
Puede parecer un ejercicio sencillo, pero para muchas personas resulta profundamente transformador.
Ejercicio 3
Cada vez que completes una tarea, independientemente del resultado obtenido, dite algo bonito.
Puedes decirte, por ejemplo:
- “Bravo.”
- “Lo intentaste.”
- “Hiciste lo mejor que pudiste.”
- “La próxima vez saldrá todavía mejor.”
Comienza a convertirte en la persona que más te anima; no en la que más te critica.
La productividad nace del amor propio. Nunca al contrario.
Ámate de manera incondicional, pase lo que pase.
Y descubrirás que trabajar, crecer y vivir se vuelven experiencias mucho más ligeras y mucho más bonitas.
No busques producir más para sentirte valiosa. Siéntete valiosa primero. La productividad llegará como una consecuencia natural.