Primer día entero sin aplicaciones, ni navegador de Internet en mi celular.
Ha sido más fácil de lo que me imaginaba, aunque me doy cuenta de algunos hábitos que se han instalado en mí: en la mañana quiero ver las noticias y saber cómo sigue la guerra en Irán, al salir del curso de yoga quiero llamar a mi hermana por WhatsApp (son apenas 5 minutos de conversación mientras llego a casa, pero eso me entretiene en el camino), luego de acostar a mi hijo, quiero meterme en Instagram y divertirme un poquito. Y así paso mi día distrayéndome con este aparatico.
Hoy, en lugar de eso, no tuve nada. O, mejor dicho, tengo todo. Tengo más presencia, veo más las caras de las personas que caminan a mi alrededor, o me pongo a hablar más con mi familia.
No ha sido tan malo o difícil como pensaba. Después de todo, es el primer día completo sin celular… porque seamos honestas: ¿de qué me sirve el celular si no es para distraerme? El ha pasado casi todo el día encerrado en una gaveta, porque ya no me es tan útil. Y yo, más tiempo afuera, viviendo mi vida.