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Cosas que he decidido eliminar

Cada vez que miro mi lista de tareas, mi primer impulso suele ser el mismo: preguntarme qué más debería hacer.

Pero hoy, mientras caminaba por el parque, me sorprendí haciéndome una pregunta completamente distinta.

No pensé en qué podía agregar. Pensé en qué podía eliminar.

Y me di cuenta de que, muchas veces, avanzar no depende de acumular más acciones, sino de quitar aquello que ocupa espacio sin aportar verdadero valor.

Así nació esta lista.

Es una lista muy personal, pero quizá pueda servirte de inspiración para crear la tuya.

Seguramente crecerá con el tiempo. Y eso está bien, porque eliminar también es un proceso.

Las críticas y los juicios

He decidido eliminar las conversaciones en las que se critica o se juzga a otras personas.

Cuando participo en ellas, durante unos minutos puedo sentir una falsa sensación de superioridad, como si yo supiera hacerlo mejor. Pero, en realidad, esas conversaciones solo me quitan tiempo, consumen mi energía y alimentan una actitud que no quiero cultivar.

Prefiero rodearme de conversaciones que construyan, inspiren y aporten.

Las dudas sobre mí misma

He decidido eliminar las dudas sobre mi capacidad para conseguir aquello que deseo.

Quiero creer que, si un sueño permanece dentro de mí, también existe la posibilidad de alcanzarlo.

Lo que no me desafía

He decidido eliminar los proyectos que no me ilusionan. Las reuniones a las que asisto únicamente porque alguien me invitó. Los trabajos en los que siento que mis capacidades se desaprovechan.

He decidido eliminar los entornos que no me desafían a crecer. Las personas con las que no aprendo y que no me valorizan.

La culpa

He decidido eliminar la culpa.

La culpa por querer estar bien. La culpa por aspirar a más. La culpa por dedicar tiempo a mí misma. La culpa por pensar en mis propios sueños.

Hoy elijo entender que cuidarme no es egoísmo. Es responsabilidad.

La autocrítica constante

He decidido eliminar la autocrítica constante.

Quiero aprender a hablarme con el mismo respeto y la misma compasión con la que hablo a las personas que quiero.

Aceptar quién soy hoy no significa renunciar a seguir creciendo. Significa dejar de pelear conmigo mientras camino hacia esa mejor versión.

Conformarme con menos de lo que deseo

Y, finalmente, he decidido eliminar una idea que durante mucho tiempo condicionó muchas de mis decisiones.

La idea de conformarme con menos de lo que realmente deseo.

He decidido dejar de aceptar aquello que me molesta cada día. Desde pequeños comentarios que normalizo por costumbre hasta herramientas de trabajo que dificultan mi desempeño.

Decido crear condiciones que favorezcan la vida que deseo construir.

Muchas veces, una nueva vida no comienza agregando cosas nuevas.
Comienza eliminando aquello que ya no tiene lugar en ella.