Skip to content

Escoge uno en un millón

Existen miles de técnicas de productividad.

Libros, vídeos, cursos, podcasts, artículos de blog como el mío, en los que cada día trato de darte un consejo o una técnica nueva.

La información abunda.

Y, paradójicamente, este exceso de información puede producir el efecto contrario al que buscamos.

Porque saber más sobre productividad no necesariamente nos hace más productivas.

Podemos pasar horas leyendo sobre nuevas técnicas, mirando artículos, viendo vídeos o aprendiendo nuevos métodos…

Y al final del día, no haber aplicado ninguno.

Y ahí está el problema.

Conocer más sobre un tema no significa necesariamente ser mejor en él.

La práctica es la que te permite descubrir qué funciona para ti, qué no funciona, qué necesitas adaptar y qué errores cometes en el camino.

Por eso, hoy te propongo algo diferente.

En lugar de seguir buscando otra técnica, escoge una. Solo una.

¿Cuál es la técnica, el consejo o el método de productividad que vas a aplicar hoy y que todavía no has probado?

Escríbelo en un papel grande y déjalo al lado de tu escritorio o en el lugar donde realizas tu actividad laboral.

Y escribe también:

  • ¿Por qué quiero probarlo?
  • ¿Qué espero conseguir?
  • ¿Qué beneficio creo que me puede aportar?

Después, cuando hayas terminado de aplicarlo, detente unos minutos y observa qué ocurrió.

  • ¿Conseguiste lo que esperabas?
  • ¿Qué resultado obtuviste?
  • ¿Qué aprendiste?
  • ¿Lo volverías a utilizar mañana?

Y recuerda: no tienes que aplicar una técnica nueva cada día.

No necesitas convertir la productividad en otra fuente de información que consumir.

Lo importante es que traduzcas lo que aprendes en acciones.

Que pruebes, observes, te equivoques, adaptes… y que vuelvas a probar.

Porque quizás la mejor técnica de productividad que puedes aprender hoy no sea una técnica nueva.

Quizás sea dejar de aprender y empezar a aplicar.