La primera hora de trabajo de la mañana tiene una magia especial.
Para muchas personas que funcionamos mejor por la mañana que por la noche, éste puede ser uno de los momentos del día en los que tenemos más creatividad, concentración y energía.
Por eso, muchos expertos en productividad recomiendan utilizar este momento para hacer la actividad más importante o más difícil del día.
Brian Tracy, por ejemplo, habla de “comerse la rana”: empezar por esa tarea que menos ganas tienes de hacer, pero que sabes que es importante.
Pero para mí, la primera hora de la mañana tiene un poder todavía más importante.
Puede definir la orientación y la dirección del resto de tu día.
Imagina que tu primera hora de trabajo es de ocho a nueve de la mañana.
Y decides empezar tomando un café con tus colegas. Comienzas a hablar mal del jefe, de otros compañeros, de la empresa, del trabajo que tienes…
Si es así, terminarás esa hora con una sensación de frustración, desgaste o desmotivación.
Y esa energía puede acompañarte durante las horas siguientes.
Ahora imagina otra posibilidad.
Llegas a tu escritorio y utilizas esa primera hora para crear ideas, buscar soluciones, avanzar en un proyecto importante o empezar esa tarea que llevas días —o semanas— posponiendo.
Cuando termina esa hora, quizás estés cansada.
Pero también puedes sentir algo diferente: la satisfacción de haber avanzado.
Sabes que has hecho algo importante antes de que aparezcan las reuniones, los correos, las interrupciones y todas las demás demandas del día.
Y, sobre todo, has liberado espacio mental.
Ya no tienes esa tarea pendiente dando vueltas en tu cabeza.
Has empezado el día haciendo algo que sabías que era importante.
Por eso, para mí, la primera hora de trabajo no se trata solamente de aprovechar tu mayor nivel de energía.
Se trata de decidir qué quieres poner primero en tu día.
Así que mañana, antes de comenzar, pregúntate:
¿Qué actividad puedo hacer durante mi primera hora que me haga sentir orgullosa, productiva y más ligera cuando termine?
Quizás esa actividad sea tu “rana”.
Quizás sea crear.
Quizás sea resolver.
Quizás sea simplemente avanzar en algo que llevas demasiado tiempo posponiendo.
Pero decide tú cómo quieres empezar.
Porque la primera hora no tiene por qué determinar todo tu día.
Pero puede ayudarte a elegir la dirección en la que quieres llevarlo.