Desde hace un año estoy teniendo algunos problemas visuales que, durante mucho tiempo, ningún médico conseguía explicarme.
De repente, siento como si mis ojos dejaran de trabajar bien juntos y me cuesta mucho focalizar. Cuando ocurre, mi solución era cerrar los ojos y descansar unos minutos hasta que pase esta sensación desagradable.
Hasta que hace poco me vio un optometrista.
Él me explicó que este problema se resolvería con unos ejercicios para mis ojos, que consistía en obligarlos constantemente a focalizar sobre la misma imagen.
Lo más curioso no es lo que ocurre durante las sesiones con el optometrista, sino lo que pasa fuera de ellas.
Los episodios de problemas de focalización han continuado, pero mi reacción ahora es muy distinta: en lugar de cerrar los ojos y esperar a que pase, empecé a darle una instrucción muy sencilla a mi cerebro: “Focaliza.” “Sigue focalizando.” “¡Vamos, que lo estás haciendo muy bien!”
No me estaba regañando. Tampoco estaba intentando convencerme de nada.
Simplemente estaba dirigiendo mi atención hacia lo que quería conseguir.
Y el episodio fue desapareciendo.
Cuando se lo conté al optometrista, me confirmó que, en el contexto de mis ejercicios, ese era precisamente el tipo de respuesta que debía buscar.
Y aquello me hizo pensar.
¿Cuántas veces hacemos lo contrario con nuestra mente?
En lugar de decir:
“Quiero dejar de llegar tarde.”
“Quiero dejar de procrastinar.”
“¿Cómo hago para dejar de hacer esto?”
Podríamos empezar a darnos una instrucción mucho más concreta.
En lugar de regañarnos y de sentirnos mal por lo que hacemos mal, ¿qué tal si comenzamos a decirnos con amabilidad y firmeza lo que queremos lograr?
Si estás a punto de posponer algo que sabes que tienes que hacer dite “hazlo ahora.”
Si estás dando vueltas a una tarea sin empezar, dite “empieza por este primer paso.”
No se trata de gritarnos, castigarnos ni exigirnos constantemente.
Se trata de aprender a dirigir nuestra atención y nuestras acciones hacia el resultado que queremos.
Así que la próxima vez que te descubras haciendo aquello que quieres cambiar, prueba algo diferente.
No te quedes únicamente pensando en lo que no quieres hacer.
Dite qué quieres hacer.
Y observa qué ocurre cuando empiezas a darle a tu mente instrucciones claras sobre dónde quieres poner tu atención.
Nunca subestimes el poder de una instrucción concreta.
No te concentres solamente en lo que quieres dejar de hacer. Dale a tu mente una instrucción sobre lo que quieres hacer.
Dile a tu mente qué quieres conseguir.