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No logres lo que quieres… ve por mucho más

¿Quieres caminar cinco kilómetros al día, pero nunca lo consigues?

Quizás puedas probar con diez.

¿Quieres ahorrar 100 euros al mes, pero nunca lo logras?

Quizás preguntarte qué cambiarías para ahorrar 200 te obligue a pensar de otra manera.

Puede parecer absurdo, pero últimamente he descubierto algo interesante:

Cuando llevas mucho tiempo intentando conseguir un objetivo y no lo logras, aumentar radicalmente el objetivo puede obligarte a cambiar el sistema que utilizas para alcanzarlo.

A mí me ocurrió con algo tan sencillo como salir de casa por las mañanas.

Mi objetivo era estar lista para salir a las 7:50.

Pero nunca lo conseguía.

Terminaba saliendo a las 8:20, a las 8:30… siempre media hora más tarde.

Durante mucho tiempo intenté simplemente conseguir salir a las 7:50.

Hasta que decidí hacer algo que parecía completamente absurdo: mi nuevo objetivo sería estar lista a las 7:35.

No importaba si no había terminado todo, a esa hora tenía que estar lista.

Y entonces ocurrió algo interesante: tuve que cambiar mi manera de hacer las cosas.

Cambiaron mis prioridades: si tenía que estar lista a las 7:35, mejor empezaba vistiéndome que sacando los platos del lavaplatos.

¡Mejor salir vestida y dejar los platos esperando, que al revés!

También cambió mi relación con mis hijos: empecé a responsabilizarlos mucho más de su propia preparación por las mañanas.

El nuevo objetivo no hizo que mágicamente tuviera más tiempo.

El nuevo objetivo hizo que descubriera varias cosas:

  • Que estaba utilizando mal el tiempo que ya tenía.
  • Que le estaba dando prioridades a cosas que no lo tienen tanto.
  • Que me quería ocupar de todo y de todos, pero no me estaba ocupando bien de mí misma.
  • Que siempre hay otras maneras de lograr las cosas.

Y, sin embargo, me quedó esta pregunta: ¿siempre es mejor aumentar el objetivo?

Y a esta pregunta responderé en el siguiente artículo.