Durante años pensé que no era creativa. Y lo más curioso es que nunca me pregunté si era verdad.
Para mí, era un hecho. Formaba parte de mi personalidad, de mi ADN, de quién era.
Me comparaba con mi hermana, a quien siempre he considerado muy creativa. Cada vez que tenía que desarrollar nuevas ideas, especialmente si eran artísticas, recurría a ella.
Poco a poco, dejé incluso de intentar desarrollar mi creatividad.
Cuando aparecía algo creativo, lo delegaba.
¿Para qué iba a hacerlo yo si, sencillamente, no era creativa?
Hasta que hace unos años me di cuenta de algo:
Quizás aquello que yo consideraba un hecho era, en realidad, una creencia.
A fuerza de repetirme que no era creativa, había dejado de practicar la creatividad.
Y al no practicarla, tenía menos oportunidades de descubrir de qué era capaz.
Hoy, incluso después de haber trabajado mucho en desafiar ese pensamiento, todavía hay una parte de mí que, de vez en cuando, vuelve a decir:
“Pero es que tú no eres muy creativa.”
Y entonces hago algo diferente.
Desafío ese pensamiento.
Porque cuando miro mi propia vida encuentro muchos ejemplos que no encajan con esa historia.
Se me hace fácil encontrar ideas para mis artículos.
Me encanta crear discursos a partir de anécdotas de mi vida.
Disfruto trabajando con papelería, visitando museos y, de vez en cuando, incluso pintando y creando simplemente por placer.
Poco a poco me estoy permitiendo considerar una posibilidad diferente:
¿Y si sí soy creativa?
Todos tenemos pensamientos sobre quiénes somos:
“No soy buena con el dinero.”
“Soy desorganizada.”
“No soy constante.”
“Soy mala gestionando mi tiempo.”
“No sirvo para hablar en público.”
Algunos de estos pensamientos llevan tanto tiempo con nosotras que dejamos de cuestionarlos.
Dejan de parecer pensamientos
y se convierten en identidad.
Pero puedes desafiar la historia que te cuentas sobre ti misma.
No necesitas convencerte inmediatamente de lo contrario.
Empieza buscando pruebas.
Si piensas que no eres creativa, busca momentos en los que sí lo has sido.
Si piensas que eres desorganizada, busca situaciones en las que has conseguido organizar algo bien.
Si piensas que no eres constante, busca algo que hayas mantenido durante meses o años.
No se trata de inventarte una nueva identidad.
Se trata de preguntarte si la identidad que tienes de ti misma cuenta realmente toda la historia.
Tu ejercicio
Escoge un área de tu vida: tiempo, relaciones, finanzas, salud o trabajo.
Define en una o tres palabras quién crees que eres en esa área.
Y después pregúntate:
¿Qué ejemplos de mi propia vida contradicen esa definición?
Quizás descubras que la historia que llevas años contándote sobre quién eres…
no es la única historia posible.
No todo lo que piensas sobre ti misma es una descripción de quién eres. Algunas cosas son simplemente historias que llevas mucho tiempo repitiéndote.