¿Has visto esos armarios que están tan llenos de ropa que parece que no cabe ni una prenda más?
A veces tratamos nuestras agendas y nuestro tiempo exactamente de la misma manera.
En lugar de preguntarnos qué es superfluo, qué podemos retirar y cómo podemos darle más espacio a lo que realmente importa, nos preguntamos cómo hacer, dentro de ese mismo tiempo, más y más y más cosas.
Intentamos comprimir. Comprimir reuniones, tareas, compromisos, actividades, proyectos…
Pero ¿cuándo es suficiente?
¿Cuándo puedes decir: basta, no quiero más; quiero menos?
Quizás la pregunta podría ser otra.
¿Y si, en lugar de intentar hacer más en el mismo tiempo, intentaras airear tu agenda?
Darte espacio para pensar. Para reflexionar. Para cambiar determinadas cosas. Para hacer algunas cosas más despacio. Para estar presente.
Para decidir qué quieres seguir haciendo y qué ya no tiene sentido.
¿Qué tal si, en lugar de decirle que sí a todo, comienzas a decir que no?
¿Cómo te sientes simplemente al pensar en esa posibilidad?
Ejercicio práctico
Así que hoy quiero proponerte algo muy sencillo.
Mira tu agenda de hoy y elimina, delega o pospón una sola cosa.
Quizás sea una reunión. Un compromiso. Una tarea que otra persona puede hacer. Una actividad que ya no disfrutas.
O simplemente una cosa más que habías decidido hacer porque pensabas que tenías que hacerla.
No se trata de conseguir meter más cosas. Se trata de crear espacio.
Porque el objetivo final no es hacerlo todo.
El objetivo es hacer lo que realmente importa para ti y poder hacerlo lo mejor que puedas.
A veces, para conseguir lo que deseas
no necesitas comprimir más.
Necesitas airear.
Necesitas hacer solo lo importante.