Siempre pensé que volver de vacaciones era recuperar mi vida. Este año me estoy preguntando si, en realidad, es momento de cambiarla.
Para mí, regresar de vacaciones suele ser bastante fácil y, de hecho, motivador.
Pero extrañamente, este año ha sido muy diferente.
Me tomé tres semanas de vacaciones y regresé hace ya dos semanas a trabajar. Y, sin embargo, el regreso ha sido mucho más duro de lo que imaginaba.
No sé por qué razón, pero después de casi dos semanas de haber regresado, todavía no he conseguido recuperar todas mis rutinas anteriores. Tampoco tengo el mismo nivel de productividad, de rapidez ni de eficacia. Y me cuesta mantener la concentración.
Sin embargo, estoy tomando todo con mucha más calma.
Y aquí está lo interesante: no creo que esto sea necesariamente un problema.
Creo que mi cuerpo está confrontando dos realidades: la de las vacaciones y la de mi vida cotidiana.
Quizás me está preguntando:
- ¿Con qué rutinas, hábitos y actividades quieres quedarte?
- ¿Cuáles siguen siendo beneficiosas para ti?
- ¿Cuáles ya no necesitas?
- ¿Cuáles quieres recuperar porque realmente te hacen bien?
- Y cuáles simplemente estabas haciendo por inercia.
No quiero pasar por alto este estado de ánimo.
Tampoco quiero forzarme a recuperar inmediatamente todo lo que hacía antes ni interpretar esta dificultad como una derrota.
Quiero escucharme más.
Quiero hacer los ajustes y cambios que sean necesarios en este momento de mi vida.
Hay rutinas que quizás deje de lado.
Hay otras que todavía no he retomado, pero quiero recuperar porque siento que son muy beneficiosas para mí.
Y hay otras que, naturalmente, nunca llegué a abandonar, ni siquiera durante las vacaciones.
También me estoy haciendo muchas más preguntas sobre qué es realmente importante y qué no lo es, tanto en mi trabajo como en mi vida cotidiana.
Una cosa me queda especialmente clara: antes de las vacaciones tenía niveles de estrés mucho más altos de lo que yo misma me daba cuenta y de lo que quiero mantener en mi vida.
Quizás este duro regreso a la rutina no sea tan malo.
Quizás esta dificultad para volver a hacer exactamente lo mismo que hacía antes no sea una señal de que estoy funcionando peor.
Quizás sea una oportunidad para preguntarme si quiero seguir funcionando de la misma manera.
Y tal vez a ti te esté pasando algo parecido.
Quizás tu regreso de vacaciones ha sido mucho más fácil de lo que esperabas.
O quizás también te está costando.
En cualquier caso, pregúntate:
- ¿Qué te está diciendo lo que estás sintiendo sobre la vida que llevas?
- ¿Qué te dicen esas rutinas que te cuesta retomar?
- ¿Qué te dice esa resistencia que sientes hacia determinadas actividades?
- ¿Y qué te dice esa motivación que aparece de manera natural cuando haces otras cosas?
Quizás no tengas que luchar contra esas señales.
Quizás tengas que escucharlas.
Volver a la rutina no debería significar volver automáticamente a la vida que tenías antes de las vacaciones.
Escúchate. Y confía en ti.