La procrastinación es ese fenómeno que nos hace retrasar lo que tenemos que hacer y dejarlo para más tarde.
Esa fuerza que disminuye nuestra productividad, retrasa el logro de nuestros objetivos y puede incluso disminuir la confianza que tenemos en nosotras mismas.
Pero, lamentablemente, la procrastinación no siempre es visible.
Hace poco me di cuenta de ello.
Puedo colocar una actividad en mi lista de cosas por hacer. Puedo repetirme una y otra vez que tengo que hacer algo. Puedo incluso tener perfectamente claro que esa actividad es importante.
Pero si nunca le pongo una fecha, un momento o una intención concreta, puedo retrasarla una y mil veces.
Puedo reemplazarla por otros proyectos. Puedo encontrarme buenas excusas para no hacerla ahora. Y lo más sorprendente es que puedo hacerlo sin darme cuenta de que estoy procrastinando.
Mi experimento
Hace unas semanas tuve un fuerte dolor de cabeza.
No se me quitaba con nada. Ni con descanso, ni con medicamento. El dolor me acompañó durante tres días.
De repente, decidí sentarme a escribir.
Y no escribí cualquier cosa.
Escribí todo lo que tenía en la cabeza.
Comencé una larga lista de pequeñas cosas que tenía que hacer: citas médicas que debía pedir para mí y para mi familia, cosas que llevaba meses diciendo que quería comprar, actividades que tenía que programar y muchas otras tareas grandes y pequeñas.
Cuando terminé, tenía una lista mucho más larga de lo que esperaba.
Y acto seguido, comencé a actuar.
No hice todo. De hecho, solo me dio tiempo de pedir dos citas médicas y realizar una tercera actividad.
Pero ocurrió algo que me sorprendió.
Después de vaciar un poco mi cabeza y comenzar a ocuparme de algunas de esas cosas, sentí un enorme alivio. Y poco después, el dolor de cabeza que me había acompañado durante días desapareció.
No sé si una cosa fue la causa de la otra. Pero esa experiencia me hizo darme cuenta de algo importante: estaba procrastinando una enorme cantidad de actividades y ni siquiera era consciente de ello.
Todas esas pequeñas tareas seguían presentes en mi mente.
No estaban programadas.
No estaban resueltas.
Pero tampoco estaban olvidadas.
Simplemente ocupaban espacio.
Y quizás esa sea una de las formas más invisibles de procrastinación.
Procrastinación evidente y Procrastinación invisible
La procrastinación puede tomar muchas formas.
A veces es evidente. Sabes perfectamente qué tienes que hacer y decides hacer otra cosa.
Pero otras veces se esconde detrás de una frase que repetimos durante semanas:
«Tengo que hacer esto».
Si te estás recordando constantemente algo que deberías hacer, detente un momento.
Quizás no lo tienes simplemente pendiente.
Quizás lo estás procrastinando sin darte cuenta.
Y darte cuenta de ello puede ser el primer paso para empezar a ocuparte de ello.
Los próximos pasos, en el siguiente artículo. 😊