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Antes de cambiar, comienza por esto

¿Cuál consideras que es tu mayor defecto en cuanto a la gestión del tiempo o, incluso, en tu vida en general?

¿Eres impuntual?

¿Sueles procrastinar?

¿Te cuesta terminar lo que empiezas porque quieres hacerlo todo perfecto?

¿Te distraes con facilidad?

Piensa por un momento cuál es ese aspecto que, por más que intentas cambiar, siempre termina apareciendo de nuevo.

Todos tenemos alguno.

En mi caso, es la impuntualidad.

Curiosamente, aunque soy coach de gestión del tiempo, mi tendencia desde pequeña ha sido el de llegar con el tiempo muy justo o salir corriendo hacia mis citas. No suelo llegar tarde, pero muchas veces llego sin margen, acelerada y con la sensación de estar persiguiendo el reloj.

Sé perfectamente de dónde viene.

Durante años he tendido a subestimar el tiempo. Justo antes de salir siempre pienso que todavía puedo hacer una cosa más.

Ordenar un cajón.

Terminar un archivo.

Responder un último correo.

Recoger algo de la casa.

Y, por supuesto, esos “cinco minutos” casi nunca duran cinco minutos.

El resultado es que los últimos instantes antes de una reunión suelen convertirse en una pequeña carrera contra el reloj.

Con los años esta situación ha mejorado muchísimo.

Pero sigue siendo mi tendencia natural.

Y creo que todos tenemos una.

Quizás la tuya no sea la impuntualidad.

Quizás sea la procrastinación.

La dificultad para decir que no.

El perfeccionismo.

O cualquier otro hábito que aparece una y otra vez.

Pero hoy no quiero hablarte de cómo eliminar ese defecto.

Quiero hablarte de algo que puede ayudarte a cambiarlo mucho más rápido.

Y ese algo es la manera en la que te hablas cada vez que vuelves a cometerlo.

Durante mucho tiempo, cuando volvía a salir tarde o a correr para llegar a una reunión, me decía cosas como:

“Otra vez lo hiciste.”

“¿Será que nunca aprenderás?”

“Nunca vas a lograr ser puntual.”

Me regañaba una y otra vez.

A veces varias, múltiples veces en un mismo día.

Hasta que un día decidí cambiar únicamente una cosa.

No el comportamiento, sino las palabras.

Comencé a decirme:

“No pasa nada.”

“No es tan grave.”

“La próxima vez lo harás mejor.”

“Estás aprendiendo.”

Puede parecer un cambio muy pequeño.

Pero el impacto ha sido enorme.

No solo ha mejorado poco a poco mi puntualidad.

Sobre todo, ha mejorado mi relación conmigo misma.

Porque descubrí que no cambiamos mejor cuando nos castigamos.

Cambiamos mejor cuando nos acompañamos.

Cada error puede convertirse en una oportunidad para entrenarte…

…o en una nueva razón para dejar de creer en ti.

La elección depende, en gran parte, de las palabras que eliges decirte.

La manera en la que te hablas hoy está construyendo la persona en la que te convertirás mañana.

La voz que escuchas con más frecuencia durante toda tu vida es la tuya.
Procura que también sea la que más te anime.