Imagina que estás participando en una carrera.
Al principio sales llena de entusiasmo.
Sabes que será un gran desafío. Nunca has recorrido una distancia tan larga. Te has preparado, pero todavía existen muchas incertidumbres.
Comienzas a correr.
Los primeros kilómetros pasan relativamente rápido. Pero llega un momento en el que la motivación disminuye. O quizás desaparece por completo.
Las ganas ya no son las mismas. La energía también cae.
Y esta carrera tiene una particularidad: no sabes cuántos kilómetros faltan, ni cuántos has recorrido.
Solo sabes una cosa: quieres llegar. Aunque no sabes ni cuándo ni cómo lo lograrás.
En un momento decides detenerte. El desánimo parece haber ganado.
Respiras.
Quizás caminas durante un tramo. Quizás simplemente descansas unos minutos.
Pero, al final, vuelves a avanzar.
Sigues. Y sigues. Y sigues.
Hasta que, cuando menos lo esperabas, aparece frente a ti la línea de llegada.
La cruzas. Y la emoción es inmensa.
No solo por haber alcanzado la meta, sino por todo lo que tuviste que superar para llegar hasta allí.
Por las dificultades, por las dudas, por las creencias limitantes que aparecieron durante el camino y que, una a una, fuiste dejando atrás.
Para mí, eso es la perseverancia.
La capacidad de continuar a pesar de los obstáculos.
A pesar del miedo.
A pesar de no saber exactamente cuándo llegará el resultado.
No porque seas una persona extraordinaria, sino porque decidiste cultivar esta cualidad.
La perseverancia no consiste en no detenerse nunca.
Consiste en no dejar de avanzar definitivamente.
El error más común
El error más frecuente en cuanto a la perseverancia, es interpretar cualquier obstáculo como una señal de que debemos abandonar.
Muchas veces, cuando las cosas se complican, pensamos:
“Quizás esto no era para mí.”
“Tal vez el universo me está diciendo que deje de intentarlo.”
Yo no lo veo así.
Si realmente deseas alcanzar un objetivo, los obstáculos no son una señal para detenerte. Son una oportunidad para fortalecerte.
Si quieres interpretarlos como mensajes, interprétalos como pruebas que desarrollan la capacidad que necesitarás para sostener el éxito cuando llegue.
Porque, al final, las historias que más nos inspiran nunca son las fáciles.
Son aquellas en las que alguien decidió continuar cuando todo parecía indicar que debía rendirse.
La perseverancia no consiste en mantener siempre el mismo nivel de motivación.
Tampoco en avanzar siempre al mismo ritmo.
Ni en mejorar de forma perfectamente lineal.
Perseverar también significa detenerse cuando hace falta. Dudar. Cambiar de estrategia. Recuperar fuerzas. Y luego volver a intentarlo.
Perseverar tampoco significa insistir en un objetivo que ya no tiene sentido para ti.
Si descubres que ese sueño ya no representa la persona que quieres ser, tienes todo el derecho a cambiarlo.
Pero hazlo porque tú has cambiado. No porque el camino se haya vuelto difícil.
Aplicación práctica
Piensa en la última vez que abandonaste un objetivo que era significativo para ti. O algún objetivo que actualmente estás pensando en abandonar.
- Escribe cuál era ese objetivo.
- Identifica el obstáculo más importante que apareció en el camino.
- Pregúntate qué pensamiento surgió en ese momento y que influyó en tu decisión de continuar o abandonar.
- Ahora escribe un pensamiento alternativo que hoy podría ayudarte a afrontar ese mismo obstáculo de una manera más útil.
- Finalmente, identifica al menos dos estrategias o acciones diferentes que podrías aplicar si ese obstáculo/pensamiento volviera a aparecer.
Y termina respondiendo una última pregunta:
Si hoy todavía fuera posible alcanzar ese objetivo, ¿seguiría queriéndolo de verdad?
Si la respuesta es no, sigue adelante con tranquilidad.
Pero si la respuesta es sí, quizás no necesites un objetivo nuevo. Quizás solo necesites una nueva creencia y la decisión de perseverar una vez más.
Una vida bien vivida no es aquella en la que nunca aparecen obstáculos.
Es aquella en la que, gracias a ellos, nos convertimos en una mejor versión de nosotros mismos.
La pregunta es: ¿Qué tipo de vida quieres construir tú?
Las personas perseverantes no llegan más lejos porque nunca dudan.
Llegan más lejos porque, después de cada duda, vuelven a ponerse en marcha.