Hasta ahora has realizado varios ejercicios importantes.
Primero definiste cuál es tu intención en cada área de tu vida: qué quieres construir, qué quieres mejorar y hacia dónde quieres dirigirte.
Después hiciste ese ejercicio todavía más poderoso: te permitiste soñar más grande y definir una visión más ambiciosa de aquello que quieres conseguir.
Finalmente, escogiste un área principal en la que vas a concentrar tu energía durante los próximos meses.
Puede ser tu familia, tu salud, tus finanzas, tu trabajo, tus relaciones o cualquier otra área importante para ti.
Ahora viene el siguiente paso: transformar esa intención en objetivos concretos.
Porque una intención general puede ser inspiradora, pero si es demasiado amplia o vaga, solo queda en buenas intenciones.
Querer mejorar tu salud, querer tener mejores relaciones o querer administrar mejor tu tiempo, todas estas intenciones son valiosas, pero todavía no te indican exactamente qué quieres lograr.
¿Qué es un objetivo?
Los objetivos son ese puente entre la visión que tienes de tu vida y las acciones concretas que debes realizar para acercarte a ella.
Un objetivo es un resultado concreto que deseas alcanzar y que te ayudará a definir, de manera suficientemente clara, para saber qué acción debes realizar y cuándo sabrás que lo has conseguido.
No es simplemente un deseo.
“No quiero perder tiempo.”
“Quiero mejorar mi productividad.”
“Quiero cuidar más mi salud.”
Estas frases expresan una intención, pero todavía no son objetivos.
Para definir objetivos existe un método ampliamente conocido: SMART.
Objetivos SMART
Aunque el método SMART es muy conocido, muchas personas no se toman el tiempo de verificar si sus objetivos realmente cumplen estas características.
SMART significa:
S: Specific (Específico)
Un objetivo debe ser claro.
“Mejorar mi gestión del tiempo” es demasiado general.
“Empezar mis reuniones a tiempo” o “llegar cinco minutos antes a mis reuniones” es mucho más específico.
M: Measurable (Medible)
Debes poder saber si lograste o no tu objetivo.
“Quiero ser más puntual” es difícil de evaluar.
“Llego cinco minutos antes a las próximas diez reuniones” es medible.
A: Achievable (Alcanzable)
El objetivo debe representar un desafío, pero debe estar dentro de tus posibilidades.
No se trata de pensar pequeño, sino de asegurarte de que depende principalmente de tus acciones.
R: Relevant (Relevante)
El objetivo debe estar conectado con algo importante para ti.
No tiene sentido perseguir objetivos únicamente porque otras personas consideran que deberías hacerlo.
Debe acercarte a la vida que quieres construir.
T: Timely (Temporal)
Debe tener un plazo definido.
“Quiero mejorar mi puntualidad” no tiene fecha.
“Durante el próximo mes llegaré cinco minutos antes a diez reuniones” tiene un horizonte temporal claro.
Los errores más comunes
El primer error en esta área es no definir objetivos.
Muchas personas tienen sueños, deseos o ideas generales, pero nunca los convierten en algo concreto.
El segundo error es definir objetivos porque los demás definen los mismos, sin reflexionar si ese objetivo es el que mejor te corresponde.
Pregúntate:
¿Por qué quiero este objetivo?
¿Por qué quiero conseguir esto? ¿Qué cambiará en mi vida si lo logro?
Otro error frecuente es definir demasiados objetivos al mismo tiempo. Recuerda: un objetivo sin energía suficiente detrás se convierte simplemente en una lista más de cosas pendientes.
Finalmente, otro de los principales errores es el de definirlos sin verificar si realmente son SMART.
Un objetivo demasiado ambiguo, demasiado lejano o que no depende de ti puede convertirse rápidamente en una fuente de frustración.
Aplicación práctica
Ahora vuelve al área que escogiste como tu foco estratégico para los próximos meses.
Puede ser esa área de tu vida que decidiste priorizar.
Pregúntate:
¿Qué resultado concreto quiero conseguir en esta área?
Después transforma esa respuesta en un objetivo SMART.
Un objetivo bien definido no garantiza automáticamente el resultado.
Pero aumenta enormemente las probabilidades de conseguirlo.