“No seas ambiciosa.”
“Debes conformarte con lo que tienes.”
“Nunca nada es suficiente para ti.”
Probablemente hayas escuchado alguna de estas frases a lo largo de tu vida.
Y quizás las escuchaste tantas veces que terminaste creyéndolas.
Terminaste aceptando que querer más no está bien. Que aspirar a más es sinónimo de ser malagradecida.
O, simplemente, te da miedo querer más porque no quieres fallar. Así que prefieres conformarte y no pretender a más.
Así vamos creciendo con la idea de que conformarse es una virtud y que querer más es casi un defecto.
Pero en el fondo de ti quizás siga existiendo ese deseo de crecer, de construir algo mayor, de convertirte en una mejor versión de ti misma.
¿Por qué ser ambiciosa?
Hoy quiero recordarte algo.
La ambición es una buena cualidad.
Es una fuerza natural del ser humano.
Cuando un niño aprende a caminar, inmediatamente quiere correr. Cuando aprende a leer, quiere comprender más. El crecimiento forma parte de nuestra naturaleza.
La ambición sana no es otra cosa que el deseo de seguir desarrollando ese potencial.
Cuando alcanzamos una meta, aparecen nuevos sueños, nuevos aprendizajes y nuevos desafíos. No porque seamos incapaces de disfrutar lo conseguido, sino porque crecer también forma parte de nuestra naturaleza.
El error más común
El error más frecuente es confundir la ambición con la falta de agradecimiento.
Y no tienen absolutamente nada que ver.
Puedes sentir una profunda gratitud por la vida que tienes hoy y, al mismo tiempo, desear construir una vida todavía mejor.
Puedes agradecer todo lo que has conseguido hasta ahora y también entusiasmarte por aquello que todavía no has alcanzado.
La gratitud honra el presente.
La ambición construye el futuro.
Las dos pueden convivir perfectamente.
Aplicación práctica
En el artículo anterior hablamos de la claridad y realizaste un ejercicio para definir cómo sería una vida extraordinaria en cada una de las áreas importantes para ti.
Hoy te propongo retomarlo.
Vuelve a esa hoja y completa la cuarta columna.
Ahora olvídate, por un momento, de lo que crees posible. Olvídate de eso que escribiste en la tercera columna.
Duplica tus objetivos. Hazlos mucho más grandes.
Pregúntate: Si no existiera ningún límite, ¿cómo sería realmente esta área de mi vida?
¿Qué tendría que ocurrir para que te sintieras profundamente realizada?
¿Qué versión de esa vida te haría verdaderamente feliz?
Permítete pensar en grande.
Tu vida es una sola.
Tu vida es una sola.
No viniste a vivir según los límites, miedos o expectativas de otras personas. Viniste a descubrir quién eres, qué deseas y atreverte a construirlo.