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El propósito: no se encuentra, se construye

Durante muchos años de mi vida me pregunté cuál era mi propósito.

Entendía la importancia de responder esta pregunta porque el propósito parece esa misión que va más allá de tu propia vida; aquello que te hace levantarte cada mañana con gusto, con energía y con entusiasmo.

Y, sin embargo, yo no lo tenía.

Las personas a mi alrededor tampoco parecían tenerlo claro. Mis compañeros de trabajo, mis amigos, nadie parecía haber encontrado esa gran respuesta.

Así que continué buscándolo muchas veces, sin darme cuenta de que quizás ese propósito ya estaba naciendo dentro de mí.

Un día estaba hablando con una amiga, muy entusiasmada, sobre todos los libros de desarrollo personal que leía, los podcasts que escuchaba y las ideas que iba aprendiendo.

Le explicaba conceptos. Le explicaba cómo veía sus problemas desde mi punto de vista. Le compartía las herramientas que a mí me estaban ayudando.

En un momento, ella se detuvo, me miró a los ojos y me dijo:

—Pero, ¿por qué no te conviertes en coach?

Mi primera reacción fue reírme.

En mi mente tan racional, nunca había imaginado que el desarrollo personal, ese tema que tanto me apasionaba, pudiera convertirse en mi propósito de vida.

Pero unos días después volvió a hacerme la misma pregunta.

Y ahí comprendí algo importante: seguir ignorando aquello que me apasionaba no me iba a llevar a ninguna parte.

Tenía que ser honesta conmigo misma.

El error más común

Fue entonces cuando entendí que mi propósito era ayudar a otras personas a transformarse, a evolucionar y a ver sus problemas desde una perspectiva diferente.

El propósito no es necesariamente una única misión de vida para la que naciste.

No es una respuesta perfecta que debemos encontrar antes de poder avanzar.

Yo creo que el propósito no se encuentra, se construye, se descubre viviendo, reflexionando, compartiendo y ctuando.

¿Qué es el propósito?

El propósito es la dirección que quieres darle a tu vida.

No es necesariamente tu trabajo actual, ni la empresa que tienes.

Es mucho más profundo.

El propósito responde preguntas como:

  • ¿Quién quiero ser?
  • ¿Qué quiero aportar al mundo?
  • ¿Cómo quiero vivir?
  • Si no existiera ningún obstáculo, ¿cómo me gustaría vivir los próximos 50 años?
  • ¿Qué me gustaría dejar cuando ya no esté aquí?

El propósito es una dirección. No necesariamente es el destino. Tampoco es el camino.

Es la brújula que orienta tus decisiones.

Aplicación práctica

Si todavía no sabes responder a la pregunta ¿Cuál es mi propósito?, entonces te propongo comenzar con estas preguntas.

Escríbelas y reflexiona sobre ellas:

  • ¿Qué actividades disfruto tanto que pierdo la noción del tiempo?
  • ¿Qué podría hacer durante todo un día si tuviera la posibilidad?
  • ¿Qué problema del mundo me afecta más? ¿Cuál quisiera ayudar a resolver?
  • ¿En qué me pide ayuda la gente constantemente?
  • ¿En qué me dicen que soy naturalmente buena?
  • ¿A qué jugaba cuando era pequeña?
  • ¿Qué admiraba cuando tenía 10 años?
  • Hoy en día, ¿a quién admiro y por qué?
  • ¿Cómo quiero describirme cuando tenga 80 ó 90 años?
  • ¿Qué quiero haber logrado? ¿Qué quiero haber aportado?
  • ¿De qué tema podría hablar durante horas sin cansarme?
  • ¿Qué sufrimiento o problema de mi pasado podría ayudar a otras personas?

Y quizás la pregunta más importante:

¿En quién debo convertirme para vivir la vida que quiero?

Tu propósito es una guía. Define tu intención.

No te conformes con vivir una vida que no está alineada contigo.

Y si todavía no has descubierto tu propósito, no esperes encontrarlo antes de actuar.

Empieza. Prueba. Experimenta. Equivócate. Cambia. Aprende.

Muchas veces no descubrimos nuestro propósito antes de caminar.
Lo descubrimos precisamente mientras caminamos.