Tu entorno influye tu vida, más de lo que crees posible
Cuando estaba en el colegio tenía dos compañeras de clase, María y Jessica.
Eran las alumnas con las mejores notas de toda la clase. Eran niñas tranquilas, se sentaban en las primeras filas de la clase, obtenían las mejores calificaciones y, además, eran muy amigas. Siempre hacían los trabajos juntas.
En el otro extremo estaba Carmen.
Cada trimestre ocupaba el último lugar del salón. Se sentaba al fondo del aula, era muy inquieta, rara vez participaba en las preguntas de la profesora y siempre tenía un chiste o un comentario divertido que hacer.
Un día, una profesora decidió formar los grupos de trabajo de manera obligatoria.
Con muy buen criterio, decidió que María y Jessica debían incluir a Carmen en su grupo.
Al principio, ninguna de las tres estuvo contenta. No eran amigas y sus personalidades parecían completamente distintas. Pero no tenían otra opción.
Luego de varios trabajos realizados juntas, ocurrió algo que sorprendió a todo el salón: las tres comenzaron a llevarse muy bien. Se hicieron amigas. Y, poco a poco, Carmen empezó a sacar mejores y mejores notas. Fue una transformación que duró hasta el final del bachillerato.
Hoy sé que esta historia no es única, porque las personas con las que convivimos influyen en quienes terminamos siendo.
Las personas que nos rodean influyen constantemente en nuestra manera de pensar, en nuestros estándares, en nuestras expectativas y, en consecuencia, en nuestras acciones.
Si todas las personas de tu entorno consideran normal llegar tarde, probablemente tú también terminarás llegando tarde, o un poco más tarde que antes de pasar tiempo con esas personas.
Existe incluso un estudio muy conocido de Nicholas Christakis y James Fowler que mostró cómo ciertos comportamientos pueden propagarse dentro de nuestras redes sociales. En su investigación observaron que, cuando un amigo cercano desarrollaba obesidad, la probabilidad de que la otra persona también la desarrollara aumentaba significativamente.
Más allá del caso específico de la obesidad, el estudio ilustra una idea mucho más amplia: las personas con las que convivimos moldean, muchas veces sin que nos demos cuenta, nuestros hábitos, nuestras creencias y nuestros estándares de vida.
Una elección delicada
Los seres humanos necesitamos pertenecer. Y precisamente por esa necesidad de pertenencia vamos adoptando, casi sin notarlo, las creencias, los hábitos y los estándares del grupo con el que convivimos.
Sin embargo, no siempre parece fácil elegir con quién pasamos tiempo.
No elegimos a nuestros padres. No elegimos a nuestros hermanos. Tampoco elegimos a muchos compañeros de trabajo.
Y, en ocasiones, creemos que ni siquiera podemos elegir a nuestros clientes.
Pero, aun así, sí podemos decidir con quién compartimos cada vez más tiempo y a quién damos acceso a nuestra mente.
Porque, poco a poco, conversación tras conversación, comenzamos a aceptar como normales los estándares de las personas que nos rodean.
Terminamos adoptando sus creencias sin darnos cuenta. Su manera de interpretar la vida se convierte también en la nuestra.
Esto no significa dejar de querer a quienes forman parte de tu vida. Significa equilibrar tu tiempo para incorporar personas que representen el futuro que deseas construir.
Nuestro ambiente no determina completamente quiénes somos.
Pero sí influye muchísimo más de lo que solemos reconocer.
El error más común
El error más común en esta área es minimizar el impacto de los demás en nuestras vidas y creer que porque hoy pensamos y actuamos de manera distinta a nuestro entorno, esto permanecerá fijo en el tiempo.
Aplicación práctica
Toma una hoja de papel.
En la parte superior escribe el área de tu vida que deseas desarrollar: gestión del tiempo, hábitos alimenticios, salud, finanzas, liderazgo, pareja, etc.
Traza tres columnas.
En la primera columna escribe el nombre de las cinco personas con las que pasas más tiempo.
En la segunda columna escribe cuáles crees que son sus principales creencias respecto a ese tema.
Por ejemplo: El tiempo no es tan importante o descansar es perder el tiempo.
En la tercera columna escribe cómo esas creencias se manifiestan en la vida de cada una de esas personas: ¿Qué resultados obtienen? ¿Qué hábitos tienen? ¿Cómo viven?
Cuando termines, observa el conjunto.
Identifica las creencias que aparecen con mayor frecuencia.
Pregúntate cuánto se parecen esas creencias a las tuyas.
Y, sobre todo, pregúntate si ese ambiente te acerca o te aleja de la persona que deseas llegar a ser.
Después, da vuelta a la hoja.
Ahora escribe el tipo de pensamientos, hábitos y resultados que te gustaría encontrar en las personas con las que quieres compartir más tiempo y que apoyen el resultado que deseas en esa área de tu vida.
Escribe los eventos que pueden frecuentar, los libros que leen, las comunidades que integran, las actividades que crees que realicen.
Finalmente, crea un plan de acción específico.
Agenda momentos concretos para acercarte a esas personas.
Puede ser inscribirte en un evento, contactar a alguien que admiras o participar en una comunidad alineada con tus nuevos objetivos.
Transformar tu ambiente relacional es una de las maneras más rápidas de transformar tu manera de pensar.
El ambiente no decide quién eres, pero influye todos los días en quién estás llegando a ser. Elígelo con intención.