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Si solo pudiera enseñarte algo, sería esto

Si solo tuviera 5 minutos para enseñarte algo, serían estas ideas que vienen a continuación.

Y aunque no pueda demostrar científicamente su veracidad, sé que tienen la capacidad de transformar a quienes las apliquen.  

Son tus pensamientos sobre tus circunstancias las que definen tu vida, y no las circunstancias las que definen tus pensamientos

Es una afirmación fuerte.

Cada vez que la pienso me vienen a la mente ejemplos que parecen demostrar lo contrario: niños que nacen en condiciones extremadamente difíciles, personas que viven en países en guerra, gente que enfrenta enfermedades graves e incurables.

Y, sin embargo, sigo creyendo que, a largo plazo, nuestra vida está determinada mucho más por la manera en que interpretamos y afrontamos esas circunstancias que por las circunstancias en sí mismas.

Creer esto no te dará control absoluto sobre la vida. Pero sí te devuelve algo mucho más importante: el poder de decidir cómo interpretar lo que te sucede, cómo pensar, cómo sentirte y cómo actuar.

La manera en que ves el mundo, la forma en que te ves a ti misma, lo que crees posible o imposible para ti, es decir, todas tus creencias, determinarán esos resultados; no al revés.

Si quieres cambiar los resultados de tu vida, no comiences cambiando tus acciones, sino tus pensamientos

Si crees que el mundo es injusto, probablemente te sentirás frustrada.

Si crees que la gente es buena, probablemente te sentirás en paz.

La gente, el mundo, es el mismo. Los pensamientos anteriores, no.

Si te repites que tienes demasiadas cosas por hacer, probablemente estés estresada.

Si piensas que hay tiempo para todo, probablemente vivirás en calma.

El tiempo es el mismo, pero los pensamientos anteriores y las emociones que esos pensamientos generan, son opuestos.

Tus pensamientos determinan tus emociones.

Y son esas emociones las que terminan definiendo tus acciones.

La frustración suele generar inacción. La paz suele generar entendimiento. El estrés genera acciones desordenadas y la calma suele generar orden.

Cuando no actúas sigues generando la causa que provoca esa frustración.

El entendimiento hará que escuches más a los demás, que trates de entender su punto de vista.

Las acciones desordenadas te impedirán planificar (¿para qué, si no tienes tiempo para eso?) y hará que cometas más errores.

Cuando buscas orden, al contrario, buscarás planificar e identificar prioridades.

Por ello es que un mismo evento, en función de cómo lo interpretas, generará emociones diferentes, acciones opuestas y resultados diferentes en tu vida.

No te focalices en qué hacer. Focalízate en qué quieres y cuáles pensamientos apoyan esos resultados. Acciones coherentes nacerán en función de esas creencias.

Los resultados actuales de tu vida son el mejor indicador de tus pensamientos pasados

Si quieres saber cuáles eran tus pensamientos y creencias predominantes en el pasado, debes empezar observando los resultados en tu vida actual.

Y si quieres modificar los resultados de tu vida, es decir, tus circunstancias futuras, comienza cambiando tus pensamientos actuales.

Si quieres descubrir cuáles son tus creencias más profundas, no necesitas hacer un ejercicio complicado.

Observa tu vida.

Observa tus relaciones.

Observa tu trabajo.

Observa tu salud.

Observa tu tranquilidad.

Una persona que está convencida de que el tiempo no le alcanza, seguirá aceptando más trabajo, en parte, por resignación, porque cree que -de todas maneras- el tiempo nunca le alcanzará.

Una persona que cree que no merece el éxito, nunca hará nada para obtenerlo, ni conservarlo.

Tus resultados reflejan, en gran medida, la forma en que has pensado y actuado durante años.

Y si los resultados no son los que deseas, quizás ha llegado el momento de revisar las creencias desde las que estás viviendo.

Tu cuerpo es tu mayor aliado

Tu cuerpo es tu mayor aliado. Es tu mejor amigo.

Escúchalo siempre, porque muchas veces él percibe antes que tú aquello que tu mente todavía no quiere aceptar.

Las enfermedades hablan. El cansancio habla. La tensión, el dolor, la falta de energía o incluso la sensación de bienestar son mensajes que tu cuerpo te está enviando constantemente. Así como también hablan la salud perfecta, la sensación de bienestar, las sonrisas y el bienestar corporal.

Aprende a escucharlo.

Pero no solo lo escuches. Habla también con él.

Trátalo con respeto, con cariño y con gratitud. Dale instrucciones claras. Agradécele todo lo que hace por ti cada día.

Tu cuerpo siempre busca protegerte. Siempre intenta mantenerte viva y ayudarte.

Por eso, cuando aprendes a escucharlo y hablarle, en lugar de ignorarlo, descubres una fuente inmensa de información sobre ti misma y sobre la vida que estás viviendo, que nadie más podrá darte.

Existe algo más grande que tú

Hay momentos en la vida en los que, por más que pensemos, planifiquemos o actuemos, simplemente no encontramos la respuesta.

Hay problemas que nos superan.

Hay situaciones que no podemos controlar.

Y, en esos momentos, recordar que existe algo más grande que nosotras puede convertirse en una enorme fuente de paz.

No importa si lo llamas Dios, el Universo, la Vida o de cualquier otra manera.

Lo importante es aceptar que no tenemos todas las respuestas ni podemos controlarlo todo.

Aprende a entregar aquello que hoy no puedes resolver.

Hazlo en forma de oración, de silencio, de meditación o simplemente de confianza.

A veces, el mayor acto de fortaleza no consiste en seguir luchando, sino en aceptar que hay cosas que no dependen de nosotras y permitir que la vida siga su curso.

Y termino con la idea que, para mí, es la más importante de todas.

El amor es la fuerza más poderosa que existe

Como decía Connie Méndez: “El amor es la puerta de oro al paraíso.”

Por eso, cuando tengas miedo, cuando dudes, cuando estés decepcionada o cuando no sepas qué decisión tomar, recuerda esto: ESCOGE SIEMPRE EL AMOR

La calidad de nuestra vida depende mucho menos de lo que nos ocurre que de la forma en que decidimos vivirlo.