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El 95% de la gestión del tiempo se trata de esto

Hace muchos años era una mujer muy ambiciosa. Tenía muchos proyectos, muchos sueños. Trabajaba en una de las cinco principales firmas de auditoría del mundo. Al mismo tiempo cursaba un máster y desarrollaba varios proyectos paralelos.

Fue en esa época cuando nació mi obsesión por aprender a gestionar mejor mi tiempo.

Quería sacar el máximo provecho de las veinticuatro horas del día para poder desarrollar todos esos proyectos que constantemente aparecían en mi cabeza.

A partir de ese momento comencé a estudiar prácticamente todas las herramientas de gestión del tiempo que encontraba.

Aprendí a planificar mejor, a definir objetivos, a cumplirlos, a construir hábitos y a organizar mi agenda de formas cada vez más eficientes.

Después de varios años aplicando todas esas herramientas, descubrí una realidad que me decepcionó: aunque cada vez sabía más sobre productividad, mi vida no se volvía más tranquila, ni más satisfactoria.

Era como si la propia gestión del tiempo se hubiese convertido en otra tarea más. Otro elemento en mi lista de cosas por hacer.

Fue entonces cuando comprendí algo que cambió por completo mi manera de entender la productividad.

La gestión del tiempo es apenas un 5% aplicar las técnicas y un 95% aprender a gestionar tu mente.

Porque no importa cuántas herramientas conozcas, qué tan organizada parezca tu agenda, cuántos proyectos termines, cuántos diplomas obtengas o cuántas tareas completes.

Lo que realmente determina cómo vives tu tiempo es el flujo constante de pensamientos que ocurre dentro de tu cabeza.

Si cada vez que terminas una tarea, en lugar de reconocer tu avance y felicitarte, inmediatamente piensas: “¿Y ahora qué sigue?” o “Pude haber hecho más”, estás entrenando a tu mente para vivir en una insatisfacción permanente.

Si sabes que el teléfono te distrae, pero cada vez que vuelves a mirarlo solo te culpas por hacerlo, no estás resolviendo el problema. Simplemente estás agregando culpa a la distracción.

Si cada vez que intentas algo nuevo pero no lo logras, solo ves el fracaso, terminarás evitando volver a intentarlo.

Por eso, aprender a gestionar el tiempo comienza mucho antes de aprender una técnica.

Comienza aprendiendo a gestionar tu mente.

Por eso, entrena tus pensamientos.

Sustituye, poco a poco, las críticas constantes hacia ti misma por pensamientos más constructivos, más amables y más útiles.

En otras palabras, aprende a tratarte con amor.

Porque gestionar bien tu tiempo empieza y termina con la manera en la que decides hablarte a ti misma y con las creencias que tienes sobre cómo deberías utilizar cada minuto de tu vida.