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El método “Realza” para tus días malos

Hay una pregunta que durante mucho tiempo no he sabido responder: ¿Qué hacer cuando no me siento bien?

Es fácil perseguir tus objetivos, cumplir con tu agenda y ser productiva cuando has dormido bien, te despiertas con energía y todo parece estar en orden.

Pero la vida no siempre es así.

Hay días en los que, por una razón que conoces o incluso sin saber exactamente por qué, simplemente no te sientes bien. No tienes ganas. No estás motivada. Y hasta la tarea más pequeña parece requerir un esfuerzo monumental.

Entonces, ¿qué hacer esos días?

Después de muchos años intentando responder esta pregunta, encontré una manera de afrontarla, que quiero compartir contigo.

Lo resumo en lo que llamé el método REALZA

El método “Realza”

Este método consiste seis letras, cada una es un paso distinto, para entender cómo te sientes, aceptarlo y aprender y realzar tu estado actual.

Te propongo realices este método en el orden siguiente:

  1. Reconoce cómo te sientes
  2. Entiende de dónde viene
  3. Acepta que así te sientes
  4. Libera tu energía
  5. Záfate de lo imprescindible
  6. Aprecia cómo tu estado cambia

REALZA no es un método para aprender a estar siempre motivada. Es aprender a elevar conscientemente tu estado interno para actuar desde tu mejor versión, incluso cuando las circunstancias no son ideales.

1. Reconoce cómo te sientes

Lo primero que hago es detenerme.

Tomo conciencia de mi estado y le pongo nombre: tristeza, cansancio, desmotivación, etc.

Nombrar lo que sientes es el primer paso para dejar de luchar contra ello.

2. Entiende de dónde viene esta sensación

Intenta comprender qué lo está provocando

Después trato —y subrayo la palabra trato— de identificar el origen de ese estado emocional.

¿Qué me estoy diciendo? ¿Qué ocurrió recientemente? ¿Qué pensamientos están alimentando estas emociones?

Escribe una o dos frases que describan los pensamientos predominantes que tienes en ese momento.

Muchas veces descubrirás que el problema no es solo lo que ocurrió, sino la interpretación que estás haciendo de ello.

3. Acepta que así te sientes

Acepta que así te sientes. Permítete sentirlo

Después, simplemente me quedo unos instantes con esas emociones. Las observo y las acepto.

Y me recuerdo algo que considero fundamental: No hay nada malo en sentirme así.

Muchas veces el problema no es sentirnos mal.

El problema es añadir una segunda capa de sufrimiento al pensar que no deberíamos sentirnos así, como si un ser humano tuviera la obligación de sentirse motivado todos los días.

No la tiene. Sentirte mal, de vez en cuando, también forma parte de estar viva.

4. Libera tu energía. Elévala

El siguiente paso es intentar mejorar mi estado, aunque sea un poco.

No busco pasar de un dos a un diez.

Solo intento subir un escalón.

Aquí aplico las estrategias que comparto en el artículo sobre cómo elevar tu energía: mover el cuerpo, cambiar de ambiente, modificar mis pensamientos o cualquier otra acción que me ayude a sentirme ligeramente mejor.

5. Záfate de lo imprescindible. Elimínalo o delégalo

Luego reviso mi agenda.

¿Qué es realmente imprescindible hoy?

¿Qué reuniones puedo mover?

¿Qué tareas pueden esperar?

¿Qué puedo delegar?

¿Qué puedo eliminar?

En esos días dejo de intentar demostrar que puedo con todo.

Mi prioridad pasa a ser cuidarme.

Porque si yo no estoy bien, tarde o temprano tampoco podré cuidar de mis proyectos, de mi trabajo o de las personas que quiero.

6. Aprecia cómo tu estado cambia

Finalmente, observo. Porque con el paso de las horas, ese estado suele cambiar.

A veces mejora rápidamente. Otras veces necesita más tiempo. Pero casi nunca permanece igual.

Las emociones son estados, no identidades.

No eres una persona desmotivada, sino que en este momento no consigues la motivación.

No eres una persona triste, sino que estás triste..

Hoy simplemente te sientes así.

Y eso también pasará.

Conclusión

Quiero que te quedes con una idea.

No eres una máquina. No estás diseñada para sentirte siempre al máximo nivel.

Habrá días extraordinarios y habrá días difíciles.

Ambos forman parte de la vida.

La diferencia no está en evitar los días malos.

La diferencia está en aprender a tratarte con compasión cuando llegan.

No todos los días necesitas rendir al máximo.
Pero todos los días necesitas tratarte con respeto.