Skip to content

5 minutos antes

Londres me enseñó la puntualidad

Hace algunos años vivía en Inglaterra. Recién instalada, me inscribí en un gimnasio y me apunté a una clase que comenzaba a las 8:00 am.

Como buena venezolana, hice lo que para mí era perfectamente normal: llegué a la clase en el gimnasio a las 8:10.

Cuando llegué, me encontré con una gran sorpresa: La clase ya había comenzado. La puerta estaba cerrada y no me dejaron entrar.

Salí bastante frustrada. No entendía qué había pasado. Al fin y al cabo, había llegado “a la hora”.

Al día siguiente decidí intentarlo de nuevo. Esta vez llegué un poco antes: 8:03 am. Pensé que sería suficiente. Pero no. La clase ya había empezado y la puerta seguía cerrada.

Solo al tercer intento comprendí lo que realmente significaba que una clase comenzara a las 8:00 am.

Llegué cinco minutos antes. Fue justo el tiempo necesario para dejar mis cosas, instalarme y estar lista cuando el profesor comenzó la sesión.

Ese día entendí algo que nunca había cuestionado.

Para los ingleses, que una actividad empieza a las 8:00 am significa exactamente eso: que a las 8:00 am se comienza.

Parece una diferencia pequeña, pero cambia completamente la forma de vivir el tiempo.

La puntualidad no siempre es tan puntual

Hoy trabajo en un entorno internacional y, sin embargo, observo una escena que probablemente tú también conoces.

Una reunión está convocada a una hora, pero esa hora es solo el momento en el que la gente comienza a intentar conectarse.

Luego de esperar a quienes llegan tarde y resolver los inevitables problemas técnicos, la reunión comienza 15 minutos más tarde.

No es un problema de puntualidad. Es un problema de definición del tiempo.

Cuando reciben una invitación para las 2:00 pm, no entienden que la reunión empieza a esa hora. Entienden que a las 2:00 pm deben empezar a prepararse para asistir.

¿Diferencias culturales o falta de precisión?

Por supuesto, la relación con la puntualidad cambia de una cultura a otra.

Hay países donde llegar unos minutos tarde está socialmente aceptado.

Otros donde se considera una falta de respeto.

Pero independientemente de la cultura, creo que hay una idea que merece la pena recordar.

Cuando fijamos una hora para un evento, esa debería ser la hora de inicio de la actividad.

No la hora en la que empezamos a prepararnos para participar.

Llegar 5 minutos antes tiene muchas ventajas.

  • Te permite instalarte con calma.
  • Resolver cualquier imprevisto técnico.
  • Saludar a los demás.
  • Respirar.

Y empezar la reunión con tranquilidad, en lugar de hacerlo con prisas.

Pero, sobre todo, es una forma de demostrar respeto.

Respeto por el tiempo de las otras personas.

Y también por el tuyo.

La próxima vez que tengas una reunión, una cita o cualquier compromiso, acuérdate de mi primera clase de gimnasio en Londres.

No intentes llegar justo a la hora.

Haz el esfuerzo de llegar cinco minutos antes.

Quizás descubras que esos cinco minutos ayudan más de lo que crees.