El bloque de tiempo para ti
Durante mucho tiempo pensé que planificar consistía en organizar reuniones, proyectos y tareas importantes.
Hoy hago exactamente lo contrario.
Lo primero que entra en mi agenda no es el trabajo.
No son las obligaciones.
No son los compromisos familiares.
Es un bloque reservado únicamente para mí.
Y no es casualidad.
Es uno de los mayores actos de amor propio que conozco.
El bloque del amor propio
Existe un bloque en mi agenda que nunca negocio.
Es un momento reservado para hacer únicamente aquello que me apetece.
No lo utilizo para adelantar trabajo.
No lo utilizo para ponerme al día con pendientes.
No lo utilizo para hacer cosas “útiles”.
Es un espacio para disfrutar.
¿Por qué planificarlo primero?
Porque el orden importa.
Cuando lo primero que aparece en tu agenda eres tú, le envías un mensaje muy poderoso a tu cerebro:
“Mi bienestar también es mi prioridad.”
En cambio, cuando solo dejas este momento “si sobra tiempo”, casi nunca ocurre.
Siempre aparece una reunión.
Un correo urgente.
Un favor.
Y, como tantas veces sucede, vuelves a quedarte para el final.
Las cuatro reglas del bloque
Para que realmente funcione, sigo cuatro reglas sencillas.
1. Que sea lo primero que planificas cada semana.
2. Hazlo, al menos, una vez por semana.
3. Que dure al menos dos horas.
4. Colócalo en el momento con más probabilidades de cumplirlo. No en el hueco que sobra.
5. Hazlo sola
¿Qué puedes hacer?
Prácticamente cualquier cosa que despierte tu curiosidad o te haga disfrutar.
Puedes:
- ir al cine;
- visitar un museo;
- caminar sin rumbo;
- sentarte en una terraza con un café;
- leer en un parque;
- escribir;
- dibujar;
- bailar;
- cocinar una receta nueva;
- descubrir una librería;
- aprender un hobby;
- escuchar música;
- o simplemente… no hacer absolutamente nada.
Las posibilidades son infinitas. La única condición es que sea algo que te haga ilusión.
No es tiempo perdido
Recuerdo la primera vez que bloqueé dos horas para mí. Me sentía casi culpable. Pese a la culpa, decidí ir a caminar por las calles de París, sin rumbo fijo. Parecía una turista en mi ciudad. Tomaba fotos. Me maravillaba con cada espacio que descubría. Desde entonces, no negocio ese momento.
Muchas personas sienten culpa cuando hacen algo que no es productivo.
Este bloque no reduce tu productividad.
La aumenta.
Porque una persona que nunca se cuida termina agotándose.
Y una persona agotada difícilmente podrá dar lo mejor de sí misma.
Por eso, este espacio no es un lujo.
Es una necesidad.
Y, probablemente, una de las inversiones más rentables que puedes hacer con tu tiempo.