Skip to content

Planificar o no planificar, ésa es la pregunta

¿Te preguntas si planificar realmente es la mejor opción para ti?

¿No sabes si la planificación es una herramienta útil o simplemente otra propuesta más del mundo del desarrollo personal que promete mucho y aporta poco?

Yo también me hice esa pregunta.

Y más que hacérmela, la puse a prueba.

El año en el que no planifiqué

El año pasado decidí no ponerme objetivos durante el año, no planificarlo todo y ver cómo me iba.

Mi conclusión fue clara.

Me sentí sin dirección, no fui para nada proactiva, no busqué mejorarme en nada, ni lograr proyectos ambiciosos. Simplemente viví los primeros meses repitiendo mi rutina, haciendo lo que los demás me pedían.

A partir de entonces, planificar ya no fue una opción.

Porque incluso cuando no cumplo todo lo que planifiqué, sigo obteniendo mejores resultados que cuando no planifico en absoluto.

A veces cumplo el 80 % de lo previsto.

Otras veces apenas el 50%, o menos.

Pero incluso en esos casos, la planificación sigue teniendo un efecto positivo.

Por qué planifico

Planificar tiene algo poderoso: orienta tu atención.

Le da una dirección a tu cerebro.

Le recuerda qué es importante para ti.

Personalmente, tengo una tendencia a planificar demasiadas cosas.

Quiero hacer diez cosas cuando probablemente sería más razonable planificar tres.

Es un defecto que todavía estoy aprendiendo a gestionar.

Pero incluso con esa tendencia, sé que muchas de las cosas que logro ocurren porque antes las pensé, las definí y les reservé un espacio.

Cuando no planifico, me resulta mucho más fácil dejarme arrastrar por las distracciones.

También termino dedicando más tiempo a las prioridades de otras personas.

O simplemente repitiendo hábitos y rutinas que quizá ya no me sirven.

Pruébalo tú misma

Por eso no quiero que me creas.

Quiero que hagas tu propio experimento.

Planifica un día.

Al finalizar, no te preguntes qué quedó sin hacer.

Pregúntate qué lograste gracias a haber planificado.

Observa cómo te sentiste.

Observa cuánto avanzaste en aquello que realmente era importante para ti.

Luego haz lo mismo otro día, pero sin planificar.

Y al final compara.

¿Cómo fue tu nivel de concentración?

¿Cómo te sentiste emocionalmente?

¿Avanzaste más o menos?

¿Tuviste mayor sensación de control o de improvisación?

Haz esta prueba durante varios días.

Y luego decide por ti misma.

Porque la verdadera pregunta no es si la planificación funciona para mí.

La pregunta es si funciona para ti.