Cuando éramos niños
Cuando era niña, jugaba principalmente a dos cosas: a ser maestra y a ser artista.
Algunos días me ponía delante de una pequeña pizarra que teníamos en casa y les enseñaba a mis muñecas las lecciones que acababa de aprender en la escuela.
Otros días bailaba y cantaba. Me imaginaba sobre grandes escenarios, delante de miles de personas. Era una estrella internacional y ofrecía conciertos para un público completamente imaginario.
Y como ocurre con casi todos los niños, me preguntaban constantemente:
¿Qué quieres ser cuando seas grande?
Años después llegó el momento de elegir una carrera universitaria y la pregunta seguía apareciendo.
¿Qué quieres estudiar?
¿En qué te quieres convertir?
¿Qué quieres hacer con tu vida?
Y es que a los niños no solamente les encanta jugar y soñar. También tienen la suerte de estar rodeados de personas que los animan a imaginar posibilidades, a explorar caminos y a pensar en grande.
Cuando somos adultos
Pero luego llega la adultez.
Llegan las responsabilidades. El trabajo. Las obligaciones. La rutina.
Y poco a poco dejamos de soñar.
Peor aún: dejamos y dejan los demás de hacernos preguntas.
Y nosotros mismos dejamos de preguntárnoslo.
El músculo de los sueños y de la ilusión comienza a atrofiarse.
Pero no desaparece. Sigue ahí, esperando ser utilizado nuevamente.
Por eso hoy quiero invitarte a recuperarlo.
Porque nunca dejamos de crecer.
Nunca dejamos de evolucionar.
Y nunca dejamos de vivir.
Los sueños, los proyectos y las ilusiones forman parte de una vida plena.
Un ser humano que deja de crecer interiormente es un ser humano que comienza a apagarse poco a poco.
Y eso no es lo que deseo para ti.
Al contrario.
Te deseo una vida llena de proyectos. Llena de entusiasmo, de ilusiones y de nuevas posibilidades.
Por eso quiero dejarte con tres preguntas.
No son preguntas fáciles.
Pero pueden cambiar la dirección de tu vida.
Las tres preguntas
1. ¿En quién te quieres convertir dentro de los próximos diez años?
2. Si tuvieras hoy 80 años, ¿qué te gustaría contar sobre los años que acabas de vivir?
3. Si pudieras realizar un cambio importante en tu vida, uno solo que te entusiasme profundamente, ¿cuál sería?
Soñar es vivir.
Dirigir tu vida es decidir conscientemente hacia dónde quieres ir.
Retoma el músculo de la ilusión.
Retoma el músculo de los sueños.
Y vuelve a soñar.