El problema de las preguntas poderosas
A lo largo de mis artículos te he invitado muchas veces a reflexionar. De hecho, al final de este post agregué enlaces hacia los artículos relacionados con preguntas poderosas.
Y es que las preguntas poderosas tienen algo especial.
Nos obligan a salir del piloto automático.
Nos ayudan a cuestionar hábitos, creencias y decisiones que llevamos años repitiendo sin pensar.
Nos invitan a mirar más allá de lo que consideramos cierto hoy.
Pero existe un problema.
Las preguntas poderosas sin respuestas son potencial desperdiciado.
Por eso hoy no quiero proponerte nuevas preguntas.
Quiero compartir contigo cinco maneras de responderlas.
1. Las caminatas meditativas
¡Esta técnica es mi preferida!
Una caminata meditativa consiste simplemente en salir a caminar sin celular, sin música y sin distracciones.
Idealmente en un lugar agradable o rodeado de naturaleza.
Antes de salir, elige una pregunta que quieras responder.
Después, camina sin presionarte.
Observa a tu alrededor.
Disfruta el recorrido.
Y luego verás cómo, cuando menos te lo imaginas, las respuestas aparecen solas.
2. Escribe todo lo que piensas
Toma una hoja y escribe la pregunta que quieres responder.
Luego escribe todas las ideas que aparezca.
No te preocupes por la gramática, ni por la calidad de las ideas.
No intentes escribir algo perfecto.
Simplemente escribe.
Párrafos. Palabras sueltas. Listas. Frases incompletas.
Lo importante es permitir que tu pensamiento salga de tu cabeza y tome forma sobre el papel.
3. Piensa en la pregunta antes de dormir
Nuestro cerebro sigue trabajando incluso cuando dormimos.
Antes de acostarte, plantéate una pregunta importante.
Piensa en posibles respuestas durante unos minutos.
Y luego duerme.
Quizás despiertes con una nueva perspectiva.
Quizás tu mente encuentre conexiones que no habías visto antes.
Muchas veces las mejores ideas llegan cuando dejamos de perseguirlas.
4. Habla para escucharte pensar
Busca una persona de confianza. Alguien que no te juzgue.
Alguien que no te interrumpa constantemente para darte consejos.
Plantea tu pregunta y comienza a hablar.
Explica lo que piensas, lo que sientes. Tus dudas. Tus miedos. Tus posibilidades.
Muchas veces las respuestas aparecen simplemente porque te das la oportunidad de escucharte a ti misma.
Por eso este ejercicio funciona especialmente bien con un coach o una terapeuta.
5. Dibuja tus respuestas
No importa si dibujas bien o mal.
No importa tu talento artístico.
Lo importante es utilizar colores, formas y símbolos.
Dibujar activa partes de tu cerebro distintas a las que utilizas cuando razonas verbalmente.
Y eso te permite encontrar nuevas conexiones y nuevas perspectivas.
A veces un dibujo sencillo puede ayudarte a comprender algo que llevas semanas intentando resolver únicamente con palabras.
Una última reflexión
Como ves, existen muchas maneras de responder una pregunta poderosa.
Lo importante es encontrar las que mejor funcionan para ti.
Pero, sobre todo, acostumbrarte a hacerte preguntas y a buscar activamente sus respuestas.
Si quieres cambiar tu vida, necesitas hacerte preguntas distintas.
Y después darte el tiempo para responderlas.
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