Skip to content

¿Cuál es el método perfecto para planificar?

Estábamos terminando nuestra conversación cuando Julia me hizo una confesión.

—Creo que estoy lista para empezar. Ya quiero planificar. Ayúdame, ¿cómo hago?

—Empieza de manera simple, le respondí. Después ya tendrás tiempo de cambiar, añadir o quitar cosas según lo que funcione para ti. Lo importante es no complicarte.

Le di una hoja y un lápiz que tenía en mi cartera.

—Para empezar, esto es todo lo que necesitas.

Julia me miró sorprendida.

—¿Cómo que todo? ¿No necesito una agenda? ¿Una aplicación? ¿Un calendario electrónico?

—No. Solo eso.

Entonces le hice una pregunta.

—Julia, no te di esta hoja para que empieces a planificar.

Ella me miró confundida.

—Te la di para que escribas aquí las cosas que realmente quieres lograr.

Se quedó en silencio.

—Porque la idea no es planificar por planificar.

La planificación es una herramienta.
Y una herramienta solo tiene sentido cuando sabes para qué la quieres utilizar.

Continué:

—Quiero que escribas tus proyectos más importantes. Tus sueños. Esos que parecen olvidados, pero que en el fondo aún recuerdas. Esos que te hacen vibrar. Las cosas que deseas hacer y que llevas años posponiendo.

La vi reflexionar unos segundos.

—¿Y después?

—Después vas a escoger el más importante. El que más te emocione. El que te haga sentir más viva. Solo uno.

—Lo vas a subrayar, para que quede claro que eso es importante para ti.

Julia sonrió.

—Y luego vas a preguntarte qué necesitas hacer para acercarte a ese objetivo. Escribes todo lo que se te viene a la cabeza que necesitas hacer para lograrlo. Todo.

—¿Y eso es lo que planifico?

—Aún no. Porque lo primero que debes planificar es tiempo para ti. Y solo después comienzas a planificar tiempo para ese objetivo importante. Luego… viene todo lo demás.

Planifica primero para ti.
Después para tus sueños.
Y luego el resto.

En ese momento llegó el camarero con la cuenta.

Julia guardó cuidadosamente la hoja dentro de su bolso.

Nos despedimos con un abrazo y una sonrisa.

Mientras la veía alejarse pensé que algo había cambiado.

No tanto porque estaba a punto de comenzar a planificar.

Sino porque, por primera vez, tenía una herramienta práctica para acercarse a la vida que realmente desea.

Y esa es, quizás, la mejor razón para empezar.