¿Por qué tantos problemas?
Todos tenemos problemas. Algunos pequeños, otros grandes. Algunos pasajeros y otros que parecen acompañarnos durante años. Solemos desear una vida sin dificultades, convencidas de que la felicidad llegará el día en que desaparezcan todos los obstáculos.
Pero existe una realidad incómoda: los problemas forman parte de la experiencia humana.
Como dice Tony Robbins, “la mayor adicción del ser humano es la adicción a los problemas”.
Hemos evolucionado para detectar amenazas, resolver dificultades y buscar constantemente algo que mejorar. Incluso cuando todo parece estar bien, nuestra mente encontrará un nuevo desafío sobre el que enfocarse.
Si esto es así, quizás la pregunta no sea cómo vivir sin problemas.
Quizás la verdadera pregunta sea: ¿qué tipo de problemas quieres tener?
Siempre hay una alternativa
Piensa en estas situaciones.
¿Qué preferirías? ¿Tener que rechazar un proyecto que te entusiasma porque te han propuesto otro que te ilusiona todavía más? ¿O encontrarte en medio de un burnout, tan agotada que ni siquiera tienes fuerzas para levantarte por la mañana?
¿Qué elegirías? ¿No saber qué actividad escoger porque te apasionan demasiadas cosas, tienes muchos planes y varios deportes que te gustaría practicar? ¿O no encontrar tiempo para hacer ejercicio porque tu agenda está completamente ocupada por obligaciones y urgencias ajenas?
Ambos escenarios presentan problemas. Pero no son problemas del mismo nivel.
Hay problemas que nacen del crecimiento, de la abundancia y de las oportunidades.
Y hay problemas que aparecen cuando vivimos desconectadas de nuestras prioridades, agotadas o atrapadas en circunstancias que sentimos que no podemos cambiar.
Si siempre vas a tener problemas, ¿por qué no aspirar a tener problemas de mejor calidad?
Aumenta tu claridad
Y como ocurre con cualquier cambio importante, el primer paso es ganar claridad.
Te propongo un ejercicio sencillo.
Toma una hoja y divídela en dos columnas.
En la columna de la izquierda, escribe los problemas que tienes actualmente. No los filtres ni los juzgues. Anota aquello que hoy te preocupa, te incomoda o te genera tensión.
En la columna de la derecha, escribe los problemas que te gustaría tener. No significa que no quieras resolverlos, sino que representan un nivel distinto de vida.
Quizás descubras que algunos de los problemas actuales ya son problemas que vale la pena tener.
Quizás hoy tu problema es que nunca encuentras tiempo para ti. El problema que quisieras tener es decidir entre dedicar esa hora libre a leer, hacer deporte o quedar con una amiga.
Tú decides
La cuestión es decidir si quieres seguir resolviendo siempre los mismos problemas o empezar a construir una vida en la que tus desafíos reflejen la persona en la que te estás convirtiendo.
Así que hoy te dejo esta pregunta:
¿Cuáles son los problemas que tienes… y cuáles son los problemas que te gustaría tener?
Quizás la calidad de tu vida no dependa de la ausencia de problemas, sino de la calidad de los problemas que eliges resolver.