¿Alguna vez te has despertado cansada, desmotivada o sin ganas de hacer nada sin saber exactamente por qué?
¿Te has preguntado por qué algunos días te sientes capaz de todo y otros apenas tienes energía para empezar?
En el artículo de ayer, La principal herramienta de gestión del tiempo, vimos que tus pensamientos son el punto de partida de todo lo que ocurre en tu vida.
Pueden ayudarte a construir salud o a destruirla. Pueden acercarte a tus objetivos o alejarte de ellos. Pueden impulsarte a actuar o paralizarte durante años.
La buena noticia es que no necesitas controlar cada pensamiento que aparece en tu mente. Eso sería imposible.
Lo que sí puedes hacer es observar sus consecuencias.
La manera más fácil de identificar la calidad de tus pensamientos es prestar atención a tu nivel de energía y a tus emociones.
Por eso quiero proponerte un ejercicio sencillo para lograrlo.
1/ Define tu energía
Detente un momento y pregúntate: Del 1 al 5, donde 1 es una energía muy baja y 5 una energía extraordinaria, ¿cómo te sientes en este momento?
2/ El pensamiento detrás de la energía
Una vez que tengas tu respuesta, hazte una segunda pregunta: ¿Qué pensamientos estoy teniendo que podrían estar generando este nivel de energía?
Quizás descubras que llevas horas repitiéndote historias que te debilitan sin siquiera darte cuenta.
3/ Cambia el pensamiento
Pregúntate: ¿Qué pensamiento puedo tener y que aumente mi energía, que me haga sentir mejor?
Por ejemplo, si te estás diciendo “No voy a lograrlo”, podrías probar con “Estoy aprendiendo y cada día avanzo un poco más”.
Recuerda siempre esta secuencia:
Tus pensamientos generan tus emociones.
Tus emociones generan tus acciones.
Y tus acciones generan los resultados que obtienes en tu vida.
No siempre puedes elegir el primer pensamiento que aparece en tu mente, pero sí puedes elegir los siguientes.