Skip to content

Quiero, hago… luego puedo

A menudo pensamos que para lograr algo importante debemos seguir una secuencia lógica: primero quererlo, luego creer que podemos hacerlo y finalmente actuar.

Querer. Hacer. Poder.

Parece razonable. Sin embargo, mi experiencia me ha demostrado que muchas veces el orden real es muy distinto.

Piensa en algo que hayas querido profundamente y que finalmente hayas logrado. En mi caso, uno de esos objetivos era poder hablar en público sin que el corazón se me saliera del pecho. Otro era trabajar en el extranjero, en una gran empresa multinacional, utilizando varios idiomas en mi vida profesional.

Lo mismo ocurrió con el miedo a hablar en público.

No esperé a sentirme preparada para comenzar. Me inscribí en Toastmasters y empecé a hablar en público cuando todavía me temblaba la voz, cuando me ponía nerviosa y cometía errores constantemente.

Tampoco esperé a hablar francés perfectamente para usarlo. Comencé a hablarlo con un acento muy fuerte, equivocándome una y otra vez. Muchas veces no encontraba las palabras adecuadas. Muchas veces me sentí incómoda, frustrada, humillada por equivocarme en medio de reuniones importantes. Pero seguí hablando.

Durante años, esa imagen parecía un sueño lejano. No tenía idea de cómo lograrlo. Tampoco tenía una confianza absoluta en mis capacidades. Lo único que sabía era que deseaba esa vida.

Y entonces ocurrió algo interesante.

No empecé creyendo que podía hacerlo.

Empecé haciéndolo.

Primero estudié inglés. Después francés. Más adelante comencé a trabajar en una empresa internacional. Finalmente llegué a París. Y sin darme cuenta, terminé construyendo la vida que durante años había considerado casi imposible.

Hoy trabajo en una empresa multinacional donde utilizo francés, español e inglés prácticamente todos los días.

No esperé a hablar francés perfectamente hacer poder usarlo. Comencé a hablarlo con un acento muy fuerte, equivocándome una y otra vez. Muchas veces no encontraba las palabras adecuadas. Muchas veces me sentí incómoda. Pero seguí hablando.

Y poco a poco ocurrió algo extraordinario.

La confianza apareció después.

Porque muchas veces creemos que primero debemos sentirnos capaces, tener una certeza absoluta de que lo lograremos y una confianza inquebrantable en nosotras mismas. Creemos que esa confianza es la que nos permitirá actuar.

Pero con frecuencia sucede exactamente lo contrario.

La confianza nace de la acción. La confianza no es el combustible de la acción; es su recompensa.

Nace de demostrarte una y otra vez que eres capaz de dar el siguiente paso, aunque todavía tengas dudas. Nace de acumular pequeñas evidencias de que puedes avanzar incluso cuando no te sientes lista.

Si hay algo que quieres lograr, deja de esperar a sentirte preparada para comenzar a intentarlo.

No esperes a creer completamente en ti.

No esperes a que desaparezcan todos tus miedos.

Hazlo. Hazlo con dudas. Hazlo con errores. Hazlo sintiéndote insegura.

Porque es al hacerlo cuando comienzas a descubrir de lo que eres capaz.

Y entonces sucede algo maravilloso.

Primero quieres. Después haces. Y finalmente te das cuenta de que sí puedes.

Quizás el problema nunca fue la falta de confianza.

Quizás solo estabas esperando sentirte capaz antes de darte la oportunidad de demostrarte que ya lo eras.

Y tú, ¿qué quieres con todas tus fuerzas pero que te sientes incapaz de lograr?

¿Qué harás hoy en ese sentido?