Para.
Aléjate un momento de todo.
Respira.
Vuelve a respirar, esta vez más profundamente.
Cierra los ojos.
Ahora escanea tu cuerpo.
Empieza por la parte superior de tu cabeza y desciende poco a poco.
Observa: tu rostro, tu cuello, tus hombros, tu pecho, tu abdomen, tus piernas, hasta llegar a la punta de tus pies.
Sin juzgar. Solo observando.
Respira de nuevo.
Ahora abre los ojos.
Mira a tu alrededor.
Observa el espacio en el que estás.
Los colores. La luz. Los objetos.
Respira profundamente una vez más.
Y ahora…
Sonríe.
Porque estás aquí.
Porque estás viva.
Porque este momento existe.
Haz esta pausa al menos una vez al día.
En medio del ruido.
En medio de lo urgente.
En medio de tus días frenéticos.
Cuando puedas.
Donde puedas.
Porque estos pueden ser los 5 minutos más productivos de todo tu día.
Si no paras, tu cuerpo lo hará por ti.