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Cuando aguantas el dolor

Hay algo de lo que me di cuenta recientemente sobre mí y que quizás también te pasa a ti: tengo una alta tolerancia para las situaciones desagradables.

Aunque el dolor físico no lo tolero tanto, las situaciones desagradables las suelo tolerar mucho más.

Antes creía que se trataba de una fortaleza de carácter, algo que me hacía fuerte, y que ser fuerte es el objetivo.

Pero esa “fortaleza” fue traicionera, porque solo se tradujo en una incapacidad de mi parte para poner límites a los demás. Terminé diciendo Sí a todos y todo, incluso cuando algo me era desagradable, porque no sabía decir que No.

Quizás te pase como a mí, dices que Sí a lo desagradable porque te cuesta decir que No. Quizás tú aguantas el dolor, y eso se traduce en realizar tareas que no te gustan, que no te aportan, situaciones y personas que no te convienen, o quizás simplemente las esquivas y tomas el camino de la huida.

Ninguna de estas alternativas es correcta.

Si algo te causa dolor físico o emocional, si una situación, actividad o relación te parece desagradable, tu deber contigo misma es buscar soluciones para entender la causa y resolver el problema.

Las soluciones pueden pasar por un análisis interno profundo y/o obteniendo ayuda externa. Nunca lo dudes. Recuerda que no es tu deber aguantar situaciones desagradables.