Sexto día sin aplicaciones distractoras en mi celular.
Este día ha sido un poco más difícil que los demás y, al mismo tiempo, es el día que me ha permitido entender por qué es importante esta decisión de desactivar las distracciones de mi celular.
Hoy, Venezuela, ganó la Copa Mundial de Béisbol y lo que más quiero hacer es hablar con mi familia, con mis amigos y celebrar esta victoria. Quiero pasar todo el día pegada a WhatsApp compartiendo mi alegría y contagiándome de la de ellos. Quiero ver todos los videos de las personas celebrando en Venezuela. Quiero volver a ver videos del replay, de las mejores jugadas, de las impresiones de los jugadores.
No es que no haya hecho nada de esto: ya hablé con mi familia y algunos amigos y celebramos juntos, a la distancia, esta victoria. Ya vi el partido. Ya vi los replays (luego de la victoria, estuve una hora, de 4am a 5am viendo videos). Ya escuché la rueda de prensa. Ya hice todo eso y quiero hacerlo más.
Y ahí me doy cuenta de lo adictivo de tener toda la información al alcance de las manos, porque si pudiese hacerlo, lo haría.
En lugar de eso, estoy escribiendo este blog, estoy trabajando en otras cosas, estoy compartiendo con mis colegas, cara a cara, lo emocionada que estoy con lo que pasó.
Hoy, más que nunca, quisiera ver las noticias y estar conectada a WhatsApp. Y hoy, más que nunca, sé que fue una buena idea para mí, para mi trabajo, para mi productividad, limitar el tiempo que pasé viendo el partido, celebrando el resultado, analizando lo que pasó.
No se trata de eliminar esa celebración. Se trata de darle a cada cosa el espacio que merece.