La mayoría de las personas viven la vida, sin vivirla plenamente, es decir, se distraen viviendo.
No hablo únicamente de las distracciones del teléfono, sino de los falsos objetivos y de las rutinas automáticas.
Vivir con intención es tener un propósito claro de vida: sabes para qué te despiertas cada mañana y te acuestas con la satisfacción de haber avanzado. Que logres ese propósito, o no, no determina si viviste con intención; solo el tenerlo y el trabajar por él, lo hace. Vivir con intención es tener pasión por lo que haces.
Vivir con distracción, en cambio, es:
- La ausencia de un propósito firme.
- Preocuparse por problemas o personas sin interés para ese propósito, es decir, preocuparse por todo, ya que en ausencia de propósito claro, todo parece ser importante.
- Ocuparse con objetivos banales y de muy corto plazo.
- Preocuparse por no lograr esos objetivos banales.
- La inacción, es decir, tener un propósito claro, pero no realizar acciones para lograrlo.
Y ahora, tengo tres preguntas interesantes para ti:
- ¿Tienes un propósito claro en tu vida?
- ¿Actúas cada día para acercarte a ese propósito?
- ¿Te distraes con objetivos pequeños, problemas menores, el comportamiento de los demás, o tu mente está dirigida hacia temas de mayor impacto?